Nadie acude a la conferencia de prensa de Noroña después de atacar a la viuda de Carlos Manzo
El 24 de noviembre de 2025, el senador morenista Gerardo Fernández Noroña convocó a una conferencia de prensa con un objetivo definido: insistir en su embate contra Grecia Quiroz, alcaldesa de Uruapan y viuda del exalcalde Carlos Manzo, asesinado el 1 de noviembre.
El desenlace fue más contundente que cualquier discurso. Nadie asistió. Ni reporteros, ni fotógrafos, ni un solo senador de su bancada. El vacío no fue casual, fue un mensaje político.
La ausencia total de medios y de respaldos partidistas evidenció el desgaste público de un personaje acostumbrado a la confrontación permanente.
La estrategia que durante años le dio visibilidad hoy parece cobrar factura: en lugar de polémica, provocó indiferencia. Y en política, el silencio suele ser una sanción más severa que la crítica frontal.
El episodio se originó en los ataques lanzados por Noroña contra Quiroz en la antesala del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, cuando la calificó de “fascista de ultraderecha” y sugirió que su exigencia de justicia obedecía a una supuesta ambición política.
El señalamiento no fue menor. La alcaldesa pidió investigar a los senadores morenistas Leonel Godoy y Raúl Morón por el homicidio de su esposo.
La respuesta del legislador fue descalificarla y tachar la acusación de “irresponsable”, sin atender el fondo del asunto.
Desde la oposición, la senadora panista María de Jesús Díaz acusó a Noroña de ejercer violencia política de género y exigió una postura de las legisladoras oficialistas.
Sin embargo, la presidencia de la Mesa Directiva del Senado optó por no pronunciarse, reforzando una estrategia de contención basada en el silencio.
La conferencia fallida terminó por retratar el momento político del senador. Habló apenas cinco minutos ante una sala vacía, se quejó de que “la respuesta es el vacío” y se retiró sin reposicionar su narrativa.
Más que una anécdota, el episodio refleja el choque entre un discurso confrontacional y una sociedad cada vez menos dispuesta a tolerar ataques misóginos, especialmente cuando provienen del poder.
Esta vez, el mensaje fue claro: nadie quiso escuchar. El silencio habló por todos.

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