La caída de Gertz Manero y el retorno de la Fiscalía del poder
La renuncia de Alejandro Gertz Manero no marca una transición institucional, sino la admisión de un fracaso: la promesa de una persecución penal independiente terminó reducida a una oficina funcional al poder político morenista. El experimento de convertir a la antigua Procuraduría en un “órgano autónomo” derivó en una maqueta institucional sin controles reales. Bajo el mando de Gertz Manero, la llamada “fiscalía ciudadana” operó como una fiscalía de conveniencia: implacable contra adversarios, inofensiva frente a aliados y peligrosamente lenta cuando los expedientes tocaban estructuras de poder. Su salida ocurre en el momento preciso en que el nuevo gobierno busca cerrar filas y eliminar los últimos márgenes de incomodidad institucional. La procuración de justicia vuelve al centro del tablero no como contrapeso, sino como mecanismo de disciplina política. Los nombres que circulan no apuntan a una corrección de rumbo. Ernestina Godoy y Arturo Zaldívar representan perfi...