La caída de Gertz Manero y el retorno de la Fiscalía del poder
La renuncia de Alejandro Gertz Manero no marca una transición institucional, sino la admisión de un fracaso: la promesa de una persecución penal independiente terminó reducida a una oficina funcional al poder político morenista.
El experimento de convertir a la antigua Procuraduría en un “órgano autónomo” derivó en una maqueta institucional sin controles reales.
Bajo el mando de Gertz Manero, la llamada “fiscalía ciudadana” operó como una fiscalía de conveniencia: implacable contra adversarios, inofensiva frente a aliados y peligrosamente lenta cuando los expedientes tocaban estructuras de poder.
Su salida ocurre en el momento preciso en que el nuevo gobierno busca cerrar filas y eliminar los últimos márgenes de incomodidad institucional.
La procuración de justicia vuelve al centro del tablero no como contrapeso, sino como mecanismo de disciplina política.
Los nombres que circulan no apuntan a una corrección de rumbo.
Ernestina Godoy y Arturo Zaldívar representan perfiles con probada cercanía a la presidenta Claudia Sheinbaum de Morena.
Su eventual llegada consolidaría un modelo en el que la justicia penal responde más a señales políticas que al mandato legal.
Aquí no se discute independencia, sino obediencia. No se evalúan resultados, sino alineamientos.
El mensaje es inequívoco: la procuración de justicia debe acompañar al régimen morenista, no incomodarlo.
El procedimiento constitucional se presenta como garantía democrática, pero en los hechos funciona como una ratificación automática.
La mayoría legislativa anula la deliberación y convierte la terna presidencial en una formalidad sin escrutinio real.
La renuncia de Gertz Manero no abre una etapa de renovación, sino la posibilidad de oficializar lo que ya ocurre en la práctica: una fiscalía subordinada al poder político.
En ese escenario, la justicia deja de ser un límite y se convierte en una herramienta de gobernabilidad.
México no enfrenta hoy la pregunta de quién será el próximo fiscal, sino una más grave: si seguirá fingiendo que existe autonomía o si aceptará, sin máscaras, que la persecución penal quedó definitivamente al servicio del poder.

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