El Movimiento de Sombrero confronta a Noroña y respalda a Grecia Quiroz
El debate político en Michoacán escaló luego de que el diputado local Carlos Bautista Tafolla y el regidor Víctor Hugo de la Cruz, integrantes del Movimiento del Sombrero, respondieran con dureza al senador Gerardo Fernández Noroña de Morena, tras sus señalamientos hacia la presidenta municipal de Uruapan, Grecia Quiroz García.
El conflicto surgió después de que Noroña defendiera a los morenistas Raúl Morón y Leonel Godoy y cuestionara a la alcaldesa, viuda del exalcalde Carlos Manzo, asesinado durante un acto público.
La reacción de los funcionarios se dio en una fecha particularmente simbólica: el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.
Este contexto amplificó la indignación, pues consideraron inapropiado que el senador morenista dirigiera críticas hacia una mujer que atraviesa un proceso de duelo y una situación de vulnerabilidad evidente.
Bautista Tafolla acusó a Noroña de “meterse con una víctima” y señaló que Grecia Quiroz no asumió el cargo por ambición política, sino por una tragedia que marcó su vida y la de su familia.
“No está ahí por elección; está ahí porque le arrebataron al amor de su vida”, afirmó.
Enfatizó además que la ausencia de Manzo no significa que la alcaldesa esté sola y pidió que cualquier confrontación política se dirija hacia él.
Incluso lanzó un reto directo: “Si quieres hablar, aquí te espero en Uruapan… o dime a dónde voy”.
El regidor Víctor de la Cruz endureció aún más el mensaje, acusando al senador de carecer de autoridad moral para señalar a una mujer en duelo y asegurando que Grecia Quiroz cuenta con el respaldo de Michoacán.
Su postura cerró con una frase contundente: “Ve haciendo tus maletas porque vas a dejar de vivir del pueblo”.
Diversas voces coincidieron en la necesidad de establecer límites éticos en la confrontación política y evitar que el dolor de las víctimas se utilice como herramienta de disputa.
La defensa de Bautista y De la Cruz fue interpretada por muchos como un llamado a respetar los procesos personales y a no revictimizar a quienes han enfrentado violencia.
El episodio exhibe el desgaste que provoca mezclar tragedias personales con pugnas partidistas y refuerza la urgencia de elevar la responsabilidad en el discurso político, especialmente en fechas dedicadas a la lucha contra la violencia hacia las mujeres.

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