Desplazados triquis de Copala creyeron en un cambio y hallaron lo mismo con Raymundo Chagoya
La elección de Raymundo Chagoya Villanueva como presidente municipal de Oaxaca de Juárez no fue un triunfo del talento político ni de una campaña brillante. Fue, más bien, el resultado de un voto de hartazgo de una ciudadanía cansada de promesas vacías y de un gobierno que no supo escuchar ni trabajar.
Chagoya Villanueva, abogado de profesión y notario público número 125 del Estado de Oaxaca, pertenece a una familia bien posicionada en los círculos jurídicos del estado.
Su madre, Patricia Villanueva Abraján, es notaria pública número 124 y figura reconocida por su paso en la Fiscalía General del Estado. No es, por tanto, un político de trayectoria, sino un representante de las élites jurídicas que han tenido históricamente peso e influencia en las decisiones públicas oaxaqueñas.
Durante su campaña, Chagoya contó con el respaldo político de Noé Jara Cruz, actual secretario del Ayuntamiento y hermano del gobernador Salomón Jara Cruz, ambos militantes de Morena.
A pesar de que su candidatura fue abanderada por el Partido Verde Ecologista de México (PVEM), su victoria se explica más por la fractura interna en Morena que por el empuje de su estructura electoral.
En realidad, los votos que lo llevaron al poder no fueron a su favor, sino que representaron un rechazo a Francisco Martínez Neri, alcalde morenista que buscaba reelegirse pese al descontento popular.
Su administración fue vista como autoritaria, lejana y sin resultados palpables. Cuando Morena decidió sostenerlo como candidato, muchos oaxaqueños lo interpretaron como una imposición, como si el partido gobernante se creyera dueño del municipio.
Ante esa falta de opciones, los ciudadanos optaron por Raymundo Chagoya como una forma de castigar a Morena. No lo eligieron por convicción, sino por fastidio. Fue un voto más emocional que racional, un voto que gritaba: “Cualquiera, menos lo mismo”.
Entre quienes apostaron por Chagoya estaban los indígenas desplazados triquis de San Juan Copala, encabezados por Lorena Merino Martínez.
Ellos, que han sobrevivido años de marginación y promesas incumplidas, creyeron que esta vez habría un cambio: un espacio para vender sus artesanías, un gesto de inclusión y una muestra de respeto.
Pero el cambio nunca llegó. Hoy, esos mismos desplazados siguen sin un lugar donde trabajar, mientras que otros grupos cercanos a Morena sí han recibido facilidades por parte del Ayuntamiento.
El trato desigual deja ver que, una vez más, la palabra política se usó para obtener votos y no para cumplir compromisos.
El ascenso de Raymundo Chagoya Villanueva también evidencia cómo las familias con poder económico y notarial siguen encontrando la manera de trasladar su influencia al ámbito político.
En Oaxaca, donde los apellidos pesan más que las propuestas, la política suele ser un juego de herencias y alianzas.
Aunque su administración nació bajo los colores del Partido Verde, en marzo de 2025 Raymundo Chagoya Villanueva oficializó su afiliación a Morena. Con ello, confirmó lo que desde el inicio era evidente: su cercanía con el grupo político del gobernador Salomón Jara.
El cambio de partido no representó una transformación ideológica, sino la consolidación de los mismos intereses bajo nuevas siglas: el mismo poder, ahora con el color que siempre lo cobijó.
La victoria de Raymundo Chagoya no fue la del mejor candidato, sino la del menos rechazado.
Su elección refleja una verdad incómoda: en Oaxaca, la gente ya no vota por esperanza, sino por resignación.
Los desplazados triquis, que confiaron una vez más, lo saben mejor que nadie. Porque cuando el hartazgo se convierte en el único motor del voto, el cambio se vuelve imposible.
La ciudad de Oaxaca necesita un gobierno que entienda el dolor y la dignidad de su gente, no solo un notario más en el poder.

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