Nada que celebrar a siete años de Morena en el poder
A siete años de que Morena asumió el control político del país, el balance nacional muestra una mezcla de avances parciales, promesas incumplidas y tensiones crecientes entre instituciones, regiones y ciudadanía.
Mientras el gobierno sostiene que la Cuarta Transformación redefinió la vida pública, los indicadores más sensibles del país revelan un panorama más complejo.
La seguridad sigue siendo el mayor desafío. La estrategia basada en evitar confrontaciones abiertas con grupos criminales no logró revertir la violencia estructural.
En amplias zonas rurales y urbanas, el control territorial del crimen continúa, y las desapariciones mantienen cifras alarmantes. La percepción ciudadana de inseguridad no ha disminuido.
En el terreno económico, la estabilidad macro ha convivido con presiones internas.
Los megaproyectos insignia —la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el Aeropuerto Felipe Ángeles— absorbieron recursos extraordinarios y superaron ampliamente sus costos iniciales, sin mostrar resultados económicos proporcionales.
A la par, la deuda pública alcanzó niveles inéditos, comprometiendo el margen fiscal futuro.
El combate a la corrupción, uno de los pilares discursivos de Morena, enfrenta cuestionamientos.
Aunque se impulsó la austeridad y se eliminaron gastos superfluos, episodios de opacidad, adjudicaciones irregulares y el caso Segalmex dañaron la narrativa de un nuevo modelo ético.
Las percepciones públicas no registran una caída significativa en prácticas corruptas.
En salud, el gobierno prometió una transformación profunda, pero el sistema enfrentó desabasto de medicamentos, fallas en compras y carencias estructurales que golpearon a pacientes y hospitales.
El reemplazo de instituciones y modelos no logró ofrecer la mejora anunciada.
Los programas sociales se consolidaron como el principal motor del respaldo popular al movimiento.
Las transferencias directas llegaron a millones de hogares y representan un cambio duradero en la política social del país.
Sin embargo, su impacto podría ser limitado si no se acompaña de estrategias de empleo y productividad.
El ámbito institucional también vivió cambios profundos. Morena impulsó una recentralización del poder que redujo contrapesos y tensó la relación con órganos autónomos y tribunales.
La discusión sobre la fortaleza democrática del país sigue abierta.
Siete años después, la transformación es real en el discurso político y en el mapa social, pero inconclusa en los terrenos donde más se prometió: seguridad, salud, transparencia y desarrollo.
México enfrenta un momento definitorio para saber si los próximos años consolidarán el proyecto o evidenciarán sus límites estructurales.

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