Miahuatlán, el poder concentrado en un sólo apellido
En el discurso oficial, el nepotismo es pecado capital.
Desde la Presidencia encabezada por Claudia Sheinbaum hasta el gobierno estatal de Salomón Jara, la narrativa es clara: no más privilegios familiares, no más redes de parentesco incrustadas en el poder.
Pero en Miahuatlán de Porfirio Díaz, Oaxaca, la práctica parece contar otra historia.
De acuerdo con señalamientos ciudadanos, el actual ayuntamiento concentra cargos y áreas estratégicas en el entorno familiar del presidente municipal.
No se trata de una coincidencia aislada, sino de un patrón que levanta sospechas legítimas.
Se menciona a Modesta Cruz, esposa del edil, como Directora Honoraria del DIF. A Silvia Jiménez, madre del presidente, señalada como “aviadora”. A Elvia Figueroa, hermana, al frente de la Instancia Municipal de la Mujer. A Alexander Figueroa, hermano, encargado del área de gasolina. A Apolinar Figueroa, padre, identificado como responsable en diversas obras ejecutadas durante la administración.
La red se amplía con Andrés Mendoza Jiménez, primo, Director de Audio y Sonido; Andrés Mendoza Ortiz, primo, responsable del Registro Público de la Propiedad en el municipio; y Fernando Figueroa, alias el “Tilico”, señalado como presunto proveedor de maquinaria pesada y pipas (“Agua Express”).
También se menciona a Edel Ruiz, cuñado, sin cargo oficial pero con presencia constante en actividades municipales.
Cada caso, por separado, podría intentar justificarse. El problema surge cuando el conjunto dibuja un esquema de concentración familiar en decisiones administrativas, operativas y contractuales.
Ahí aparece el verdadero riesgo: el conflicto de interés estructural. Aunque algún nombramiento pudiera encuadrar formalmente en la norma, la ética pública exige algo más que cumplir el mínimo legal.
Cuando el acceso al gobierno parece depender del parentesco y no del mérito, la confianza ciudadana se erosiona. Y sin confianza, no hay legitimidad.
La transformación no puede ser selectiva ni territorial: si el nepotismo es inaceptable en el discurso, también debe serlo en los municipios.
Miahuatlán no necesita comunicados defensivos, sino transparencia plena: perfiles profesionales, procesos de designación abiertos, contratos públicos verificables y explicaciones claras.
Porque cuando el poder se concentra en un solo apellido, la pregunta deja de ser retórica y se vuelve urgente: ¿gobierno para el pueblo o administración de familia?.

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