Oaxaca no necesita influencers, necesita resultados
El 23 de febrero de 2026, el gobernador de Oaxaca, Salomón Jara Cruz, anunció que autorizaba a sus funcionarios a utilizar TikTok para “informar” sobre las acciones de gobierno.
La decisión fue presentada como un esfuerzo por modernizar la comunicación institucional y acercarse a públicos jóvenes.
Sin embargo, más que una innovación administrativa, la medida revela una preocupante confusión entre comunicación pública y promoción política.
Gobernar no es producir contenido; es resolver problemas. En un Estado con rezagos históricos en infraestructura, seguridad, salud y desarrollo regional, el énfasis en plataformas de entretenimiento envía un mensaje equivocado sobre las prioridades del poder.
Cuando el titular del Ejecutivo abre la puerta a que sus funcionarios se conviertan en generadores de contenido en una red diseñada para la viralidad, el riesgo es que la lógica del algoritmo sustituya la lógica de la política pública.
TikTok premia lo breve, lo emocional y lo espectacular. La gestión pública, en cambio, requiere profundidad, datos verificables y rendición de cuentas.
Adaptar la acción gubernamental al formato de clips de segundos no eleva la calidad de la información; la simplifica. Y en esa simplificación se diluye el debate serio sobre resultados, presupuestos y evaluación de políticas.
Además, existe una frontera delicada entre informar y hacer propaganda.
Si los funcionarios utilizan sus cuentas para posicionar logros sin contexto, sin contraste y sin cuestionamiento, lo que se presenta como transparencia termina siendo autopromoción institucional.
Más aún cuando se trata de un gobierno que ha enfrentado críticas por desempeño, nepotismo y concentración política.
La narrativa digital puede convertirse en una cortina de humo que privilegie la imagen sobre los indicadores reales.
La comunicación gubernamental debe ser clara, sí; accesible, también. Pero eso no implica convertir la función pública en espectáculo.
Modernizar no significa banalizar. Y mientras la atención esté puesta en cómo se ve el gobierno en pantalla, la pregunta seguirá siendo la misma: ¿están mejorando realmente las condiciones de vida en Oaxaca o solo está mejorando la estrategia de difusión?.

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