Morena permitió que Sergio Mayer pisoteara al partido, al Congreso y a los mexicanos

El 18 de marzo de 2026, Sergio Mayer Bretón regresó oficialmente a la Cámara de Diputados después de abandonar su curul durante semanas para participar en el reality show "La Casa de los Famosos" de Telemundo. 

Su retorno no fue un acto de responsabilidad política, sino la confirmación de que en Morena la disciplina y la ética pueden ser opcionales cuando se trata de figuras mediáticas. 

Mayer Bretón no volvió con una postura de autocrítica ni con una explicación seria al país. 

Lo único que ofreció fue una disculpa superficial, acompañada de la defensa de su derecho a ausentarse y de un discurso donde se deslindó de cualquier ideología, afirmando que no es de derecha ni de izquierda ni de ningún color.

Es decir, aceptó el cargo por un partido, pero negó cualquier compromiso con él cuando las críticas comenzaron.

La Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena lo citó para responder por su conducta. 

Sergio Mayer ignoró el llamado. No acudió, no explicó y no mostró respeto por los órganos internos del partido que lo llevó al poder. Su mensaje fue claro: puede desobedecer y no pasa nada.

La actitud de Mayer no sólo representó un desafío a Morena, sino también un desprecio al pueblo mexicano. 

Mientras millones de ciudadanos enfrentan problemas económicos y de seguridad, su diputado decidió convertir su cargo en una pausa temporal para buscar fama y dinero en televisión. Cuando regresó, lo hizo como si nada hubiera ocurrido.

La situación se volvió aún más grave por el trato que recibió su suplente, el legislador indígena otomí Luis Morales Flores, originario del municipio de Temoaya, Estado de México, quien ocupó legalmente el escaño durante la licencia de Sergio Mayer. 

Tras el regreso de Mayer, la oficina legislativa fue cerrada y remodelada sin previo aviso, dejando al suplente sin un espacio digno para desempeñar sus funciones y evidenciando un desprecio tanto por su investidura como por la representación indígena que encarnaba.

El mensaje político fue devastador: la inclusión indígena sólo sirve para discursos, pero en la práctica se les puede desplazar sin consecuencias.

Lo más preocupante no es sólo la conducta de Mayer Bretón, sino la reacción de Morena. 

El partido que prometió regenerar la vida pública permitió que un diputado ignorara sus citatorios, despreciara su ideología y utilizara el cargo como plataforma personal sin enfrentar sanciones ejemplares. 

Morena pudo sentar un precedente firme; en cambio, optó por la complacencia.

Este caso deja una señal peligrosa para el futuro: si un legislador puede abandonar su cargo, desobedecer a su partido, regresar sin castigo y seguir legislando, entonces la impunidad se convierte en regla. 

Sergio Mayer ya demostró que puede hacerlo. Y Morena ya demostró que no hará nada para impedir que vuelva a ocurrir.



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