Diez mil perros sacrificados: el lado oscuro de Morena en Tecámac

En México, los problemas incómodos suelen administrarse mal y resolverse peor.

Lo ocurrido en Tecámac, Estado de México, bajo el gobierno de Mariela Gutiérrez Escalante —quien fue presidenta municipal del 1 de enero de 2019 al 29 de febrero de 2024—, no es la excepción: es el retrato de una política pública que llegó tarde y decidió compensar su fracaso con una medida extrema.

Diez mil perros sacrificados no son un dato técnico. Son un síntoma. Un síntoma de abandono institucional, de falta de estrategia y de una lógica peligrosa: cuando el Estado no previene, termina eliminando.

Aquí no hablamos de casos aislados de eutanasia justificada. Hablamos de volumen. De escala. De una cifra que, por sí sola, abre una pregunta incómoda: ¿en qué momento el “control sanitario” dejó de ser evaluación individual para convertirse en reducción masiva?.

El argumento oficial es conocido: sobrepoblación, riesgos a la salud, presión ciudadana. Todo eso existe. Nadie lo niega. 

México arrastra desde hace décadas un problema estructural con los animales en situación de calle. Pero precisamente por eso, hay rutas claras: esterilización sostenida, adopción, sanciones al abandono, inversión en infraestructura.

Lo que no es ruta, es atajo. Durante casi seis años de gobierno, la administración tuvo tiempo suficiente para contener el problema de fondo. 

Si al final la “solución” fue sacrificar miles, entonces no hubo política pública: hubo omisión prolongada seguida de una decisión drástica.

Y hoy, desde el Senado, como parte del proyecto de la llamada “Cuarta Transformación”, el caso no se borra: se arrastra. Porque no es solo un tema de animales, es un reflejo de cómo se gobierna cuando la prevención falla.

El riesgo no es menor. Si esta lógica se normaliza —si se acepta que la forma “eficaz” de enfrentar problemas es eliminarlos en masa—, el precedente queda abierto.

El poder público no está para escoger lo más fácil, sino lo más responsable. Y entre prevenir durante años o eliminar en meses, hay una diferencia que no es técnica: es ética.

En Tecámac no solo se gestionó mal un problema. Se dejó crecer y luego se decidió borrarlo.



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