El nepotismo que intentaron ocultar en el Cobao
En el Colegio de Bachilleres del Estado de Oaxaca no hubo transparencia, hubo cálculo. Y la prueba está en su propia documentación oficial.
La circular DG-007/2026, firmada por Delfina Elizabeth Guzmán Díaz, Directora General del COBAO, confirma lo que durante días se denunció: su sobrino, Mario Alberto Pineda Guzmán, sí ocupó el cargo de Director Administrativo y de Finanzas. No era rumor, no era golpeteo: era un hecho. Pero el documento revela algo todavía más grave.
El movimiento no ocurrió el día en que se hizo pública la circular. No. Según el propio texto, el sobrino dejó el cargo desde el 31 de marzo, y el relevo entró en funciones el 1 de abril. Sin embargo, la circular fue emitida hasta el 6 de abril de 2026.
¿Por qué ocultar durante días un cambio de ese nivel?. La respuesta es evidente: control de daños. Primero lo mueven en silencio. Luego, cuando el escándalo ya circula, lo hacen oficial. No es transparencia, es administración de crisis. No es combate a la corrupción, es reacción tardía ante la presión. Y aún así, en su intento por apagar el fuego, terminaron echándole gasolina.
Porque esa misma circular que pretende normalizar un “cambio en la estructura orgánica” es, en realidad, la confirmación documental del nepotismo. El sobrino no solo estuvo ahí: ocupó un área estratégica, manejando recursos públicos, bajo la autoridad directa de quien hoy firma su salida.
El problema no es únicamente que lo hayan quitado. El problema es que lo pusieron. Y lo sostuvieron… hasta que se volvió insostenible.
Este caso exhibe, una vez más, la contradicción entre el discurso y la práctica. Mientras se presume transformación, en los hechos se repiten las viejas dinámicas: familiares en cargos clave, decisiones cerradas y opacidad hasta que el escándalo obliga a reaccionar.
Aquí no hubo depuración interna ni rendición de cuentas. Hubo filtración, presión… y después, una circular. Y esa circular, lejos de limpiar, deja constancia.

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