Fortino Velasco Avendaño: la impunidad que Morena tolera en Juxtlahuaca
En Santiago Juxtlahuaca, el dinero no solo se pierde: se recicla en poder.
Fortino Velasco Avendaño, originario de San Pedro Chayuco y de origen mixteco, es un nombre que aparece de forma constante en los reclamos de personas que entregaron sus ahorros a esquemas como la cooperativa SOFIC y la caja de ahorro “1 de mayo”, hoy desaparecidas.
En la región existen recibos y comprobantes que respaldan esos depósitos. Lo que no existe, hasta ahora, es una solución.
Los testimonios coinciden: captación de recursos, promesas de rendimiento y, después, silencio.
Las afectaciones alcanzan principalmente a comunidades indígenas triquis y mixtecas, donde la confianza se construye desde lo cercano. Cuando se rompe, no solo se pierde dinero: se fractura el tejido comunitario.
Pero el caso no termina ahí.
Velasco Avendaño también ha tenido presencia en diversas organizaciones triquis y mixtecas, ampliando su red de relaciones.
Durante su paso por cargos agrarios en San Pedro Chayuco, habitantes lo ubican en conflictos por tierras comunales en la zona triqui de Copala.
El caso de Agua Fría Copala permanece en la memoria local: un conflicto que escaló a violencia, con personas heridas y la muerte de un joven de Ojo de Agua Copala. Hasta hoy no hay una resolución clara. Lo que persiste es la percepción de impunidad.
A esto se suma otro elemento clave: su vínculo financiero con líderes y actores políticos.
En la región se sostiene que Fortino Velasco prestó dinero a figuras que posteriormente accedieron al poder con Morena, en una lógica donde el respaldo económico se traduce en protección. En ese contexto se entiende su presencia actual en espacios públicos.
Se le ha visto operando en el Centro Coordinador de Pueblos Indígenas “San Juan Copala”, del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas (INPI), con sede en Santiago Juxtlahuaca desde 2010, bajo la titularidad de Epifanio Díaz Sarabia, originario de Cruz Chiquita Copala.
También aparece vinculado a la Regiduría de Asuntos Indígenas del Ayuntamiento de Santiago Juxtlahuaca, encabezado por Arsenio Lorenzo Mejía García, de Morena, en un entorno donde su incorporación es interpretada como parte de esas mismas redes de favores.
Más allá de un caso individual, esto abre una pregunta de fondo: ¿qué tipo de perfiles están incorporando las instituciones públicas?
No se trata solo de ocupar un cargo, sino de la confianza que se deposita en quienes representan al Estado.
En una región donde existen reclamos documentados y conflictos no resueltos, la permanencia de estos perfiles no es menor. Las instituciones no solo administran programas: también deben cuidar a quién le dan espacio, porque en ello va su credibilidad.
Esto ocurre en una región donde, aún siendo profesionista, Fortino concentra múltiples espacios de trabajo, mientras otros profesionistas enfrentan falta de oportunidades.
El contraste no es menor: no se trata solo de empleo, sino de cómo se distribuyen los espacios dentro del aparato público.
Y ahí está la contradicción central: mientras persisten los reclamos y el dinero sin respuesta, forma parte de estructuras de gobierno ligadas a Morena y a la llamada Cuarta Transformación. No está fuera del sistema. Está dentro.
Incluso, circula en la región una frase atribuida al propio Velasco: que puede moverse con libertad porque está protegido. Más que una declaración, es un síntoma.
El patrón es claro: dinero sin resolver, relaciones políticas, conflictos comunitarios y presencia institucional. No es un caso aislado. Es una forma de operar.
Y mientras haya personas con recibos en la mano y sin respuesta, la pregunta ya no es quién es Fortino Velasco Avendaño.
La pregunta es: ¿quién lo protege, lo sostiene y lo respalda?

Comentarios
Publicar un comentario