La "Primavera Oaxaqueña" que no florece
La narrativa oficial de la llamada "Primavera Oaxaqueña" prometía un renacer para Oaxaca. Bajo el discurso de la Morena y los ideales de la "Cuarta Transformación", se ofreció un gobierno cercano al pueblo, honesto y eficaz.
Sin embargo, los datos y la percepción ciudadana cuentan otra historia: una primavera que, lejos de florecer, muestra signos claros de desgaste.
Diversas encuestadoras han colocado de forma recurrente al gobierno de Salomón Jara Cruz de Morena en la parte baja de los rankings nacionales. No es un hecho aislado ni una casualidad estadística.
Mediciones como las de "Rubrum" lo han ubicado incluso en el último lugar, mientras otras como "CE Research" lo colocan cerca del fondo de la tabla.
Aunque existen diferencias metodológicas, la constante es preocupante: la aprobación no despega y la inconformidad persiste. El problema no es únicamente de percepción, sino de resultados.
Cuando un gobierno necesita más propaganda que logros para sostener su narrativa, algo estructural está fallando.
La insistencia en posicionar una imagen positiva desde el aparato oficial contrasta con una realidad donde amplios sectores de la población no perciben mejoras sustanciales en su vida cotidiana.
Morena enfrenta aquí una contradicción de fondo. Un movimiento que se presentó como alternativa al viejo régimen comienza a reproducir prácticas que decía combatir: control del discurso, descalificación de la crítica y dependencia de estructuras clientelares.
En ese contexto, la llamada "Primavera Oaxaqueña" corre el riesgo de convertirse en un eslogan vacío más que en un proyecto transformador.
El costo político no es menor. Si la desconexión entre gobierno y ciudadanía se mantiene, el desgaste no solo impactará a una administración, sino al conjunto del proyecto de la "Cuarta Transformación" en el Estado.
La historia reciente ha demostrado que cuando la expectativa es alta y los resultados no acompañan, el desencanto puede traducirse en abstencionismo, fragmentación interna o incluso en el retorno de las fuerzas que se pretendían desplazar.
Hoy, más que nunca, el desafío no es construir una narrativa, sino sostenerla con hechos. Porque cuando la realidad desmiente al discurso, no hay campaña que alcance ni consigna que resista.

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