Layda Sansores, gobernadora de Campeche de Morena, reconoce crisis de liquidez en el Estado
El 27 de abril de 2026, Layda Elena Sansores San Román, gobernadora de Campeche de Morena, declaró que su administración enfrentaba una crisis financiera tan grave que no alcanzaba “ni para pagar la luz”.
El mensaje, difundido en medios de comunicación, incluyó advertencias de que, ante la falta de liquidez, no habría préstamos ni prórrogas, e incluso se podría proceder al cierre de oficinas públicas.
Más allá del impacto de la frase, el punto central no es si el Estado “está quebrado” en sentido literal, sino qué implica políticamente este tipo de declaraciones dentro del propio proyecto de la Cuarta Transformación.
En un sistema como el mexicano, los estados no son económicamente autónomos: dependen en gran medida de las transferencias federales.
Esa estructura no cambió con la llegada de Morena al poder; lo que cambió fue el discurso con el que se interpreta.
Por eso, cuando un gobierno estatal afirma que no tiene recursos para operar, no solo describe una situación financiera: también construye una narrativa de presión política.
La “falta de dinero” se convierte en un lenguaje de negociación con la federación, en una forma de explicar tensiones internas y, al mismo tiempo, de trasladar responsabilidades.
El problema de fondo es que este discurso se ha normalizado incluso dentro de la propia Cuarta Transformación.
Mientras a nivel federal se habla de eficiencia, transformación y fin del viejo régimen, algunos gobiernos estatales del mismo proyecto recurren a la misma lógica histórica: culpar al diseño fiscal, a los recortes o a la federación.
Esto revela una contradicción estructural: el modelo sigue dependiendo del mismo federalismo centralizado que concentra la recaudación, mientras los estados administran la escasez —y la narrativa de la escasez—.
En ese contexto, la frase “no hay ni para la luz” no debe leerse como un diagnóstico técnico, sino como una herramienta política.
No describe el colapso del Estado, sino la forma en que el poder local intenta posicionarse dentro de un sistema de dependencia financiera.
La verdadera pregunta no es si Campeche está en quiebra, sino por qué la escasez sigue siendo el lenguaje dominante incluso en gobiernos que prometieron transformar el sistema.

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