Olga Sánchez Cordero en Oaxaca: el poder de Morena en escena
En política, los gestos rara vez son inocentes. Lo que parece una escena menor puede revelar más sobre el poder que cualquier comunicado oficial.
Así ocurre con la imagen de la presidenta del Tribunal Superior de Justicia de Oaxaca, maestra Erika María Rodríguez Rodríguez, cargando un paraguas para proteger del sol a la senadora Olga Sánchez Cordero, de Morena, durante su visita a Oaxaca de Juárez el 11 de abril de 2026, en el parque "Primavera Oaxaqueña".
No es un hecho ilegal ni necesariamente fuera del protocolo. El problema es otro: el significado político que adquiere cuando una alta autoridad del Poder Judicial aparece en un rol de apoyo personal frente a una figura de mayor peso nacional.
En democracia, la independencia de poderes no solo depende de las leyes. También depende de su expresión simbólica. Y ahí, la imagen importa tanto como la norma.
La política mexicana ha normalizado una cultura donde la cortesía excesiva, el acompañamiento constante y el trato jerárquico entre élites forman parte del lenguaje cotidiano del poder.
Cuando una magistrada protege físicamente a una figura política en un acto público, el mensaje no es neutro. Se instala la idea de jerarquías informales dentro de instituciones que deberían relacionarse en equilibrio.
No es un caso aislado. Es parte de una práctica donde el protocolo sustituye la distancia institucional.
En el mismo recorrido participó Flavio Sosa Villavicencio como titular de la Secretaría de las Culturas y Artes de Oaxaca (SECULTA), lo que confirma que no fue un acto informal, sino una actividad con presencia del Estado.
La visita a la obra “2501 Migrantes”, del artista Alejandro Santiago, refuerza el componente simbólico: migración, memoria y ausencia convertidas en escenario institucional. Pero ese contenido cultural no neutraliza la escena política; la enmarca.
Reducir el debate al paraguas es superficial. El punto central es otro: la forma en que el poder se muestra.
Cuando los límites entre instituciones se vuelven borrosos en la práctica pública, la independencia deja de percibirse, aunque exista en la ley.
Las preguntas son inevitables: ¿Cómo se percibe la independencia del Poder Judicial en estas dinámicas?. ¿Qué mensaje envían estas escenas sobre el equilibrio del poder?. ¿Hasta qué punto estas prácticas normalizan jerarquías contrarias al discurso democrático?.
La democracia no se debilita solo en las leyes. También se erosiona en lo cotidiano, cuando el poder deja de verse como contrapeso y empieza a verse como una sola estructura. Y en política, lo que se normaliza sin cuestionamiento, se convierte en regla.

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