Yeidckol Polevnsky y la nómina familiar en el Senado
El problema no es nuevo en la política mexicana. Lo nuevo, en todo caso, es el discurso que prometió no repetirlo.
El nombre de Yeidckol Polevnsky vuelve a aparecer en el centro de la polémica, tras señalamientos difundidos por medios de comunicación y redes sociales que apuntan a la incorporación de familiares directos en distintas áreas del Senado de la República, donde actualmente forma parte del Grupo Parlamentario del Partido del Trabajo (PT) dentro de la coalición de la Cuarta Transformación.
Hermana, sobrina, nieta. Todas dentro de la nómina. Todas bajo la categoría de asesores. Todas con sueldos que oscilan entre los 40 y 60 mil pesos mensuales, financiados con recursos públicos.
Más allá de los nombres, lo relevante es el patrón. Porque lo que se exhibe no es un caso aislado, sino una práctica recurrente en la política mexicana: el uso de espacios de confianza como zonas de colocación familiar, donde la línea entre lo público y lo privado se vuelve difusa.
La contradicción se vuelve más evidente cuando se contrasta con el discurso de la llamada Cuarta Transformación, que ha hecho de la austeridad y el combate al influyentismo su bandera moral.
Pero la moral en política no se mide en discursos, sino en estructuras.
Los señalamientos no solo son administrativos, sino simbólicos: el mismo sistema que prometió romper con el nepotismo termina reproduciendo sus formas más conocidas.
La ley es clara en un punto: el uso del cargo público para beneficiar a familiares puede constituir una falta administrativa.
Sin embargo, en la práctica, estos casos suelen moverse en una zona gris donde la contratación formal convive con la sospecha pública.
Y ahí es donde el daño ocurre, incluso antes de cualquier resolución oficial. Porque el desgaste no es jurídico. Es de credibilidad.
Y en política, la credibilidad no se investiga: se pierde.

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