Morena y la barda millonaria en Cuautlancingo

El 20 de mayo de 2026, el gobierno municipal de Cuautlancingo, Puebla, encabezado por Omar Alberto Muñoz Alfaro, de Morena, presumió la entrega de una barda perimetral de 189 metros lineales en el preescolar “Carmen Serdán” con una inversión de 1.2 millones de pesos.

La cifra detonó críticas inmediatas. Y no por la necesidad de proteger una escuela, sino porque el costo parece desproporcionado frente a lo que especialistas y constructores consideran razonable para una obra de ese tipo.

En México las bardas ya no solo dividen terrenos. También separan el discurso político de la realidad.

La defensa oficial ya apareció: que si la cimentación, que si los castillos reforzados, que si las normas de seguridad escolar, que si el programa estatal “Por Amor a Puebla”. 

Todo eso puede ser cierto. Las obras públicas tienen costos adicionales y requisitos técnicos que no existen en una construcción doméstica.

Pero el problema no es únicamente técnico. Es político.

Porque Morena construyó durante años un discurso basado en la austeridad, el combate a la corrupción y la supuesta diferencia moral frente a los gobiernos del pasado. 

Por eso cada vez que aparece una obra inflada, un contrato opaco o un gasto difícil de justificar, el golpe mediático pega doble.

El cálculo simple deja una cifra cercana a los 6 mil pesos por metro lineal. Ahí nace la polémica.

La pregunta no es si una barda puede costar más de lo que imagina la gente. Claro que puede. La verdadera pregunta es: ¿por qué el gobierno no transparenta completamente el contrato, el catálogo de conceptos y los precios unitarios?

Si la obra está correctamente ejecutada y el monto es técnicamente defendible, entonces el Ayuntamiento debería publicar cada peso gastado y cerrar el debate. Pero cuando la información no aparece de forma clara, la sospecha crece sola.

Ese es el problema recurrente de muchos gobiernos de Morena en el país: prometieron acabar con las viejas prácticas, pero terminan atrapados en la misma opacidad que antes denunciaban.

Y mientras millones de mexicanos sobreviven con salarios mínimos, ver que una simple barda escolar cuesta 1.2 millones de pesos inevitablemente genera indignación pública.

Porque en México ya no basta con decir que una obra “cumple la norma”. La ciudadanía quiere pruebas, transparencia y cuentas claras. Especialmente cuando quienes gobiernan prometieron ser distintos.



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