Omar Muñoz Alfaro, de Morena, en Cuautlancingo: cuando la crítica ciudadana se contesta a golpes
Lo ocurrido el 1 de mayo de 2026 en Cuautlancingo no es un tropiezo menor: es el tipo de escena que desnuda la distancia entre el discurso de la Cuarta Transformación y la práctica del poder local. Donde se prometió cercanía con el pueblo, lo que aparece es confrontación con el ciudadano.
El presidente municipal Omar Muñoz Alfaro, de Morena, salió a un espacio sin control —un tianguis— y se encontró con lo que la narrativa oficial suele domesticar: reclamos reales. Servicios deficientes, cobros, abandono. Es decir, política en estado puro. Y en ese punto crítico, la respuesta no fue diálogo ni contención: fue choque.
Las escenas captadas en videos muestran a integrantes de su entorno respondiendo con empujones y agresiones. Ese momento es más que un incidente: es una señal de cómo opera el poder cuando se siente cuestionado. No persuade, se impone. No escucha, reacciona. Y eso contradice frontalmente la promesa fundacional de Morena de ser un gobierno distinto, más tolerante, más cercano, más “del pueblo”.
La defensa oficial recurre al libreto conocido: provocación, actores opositores, señalamientos hacia el exalcalde Filomeno Sarmiento. Es la coartada perfecta para desplazar la responsabilidad. Pero incluso si hubo provocación —algo común en la política local— el estándar no cambia. Un gobierno que se dice transformador debería poder procesar el conflicto sin caer en la violencia. Si no puede, entonces no está transformando nada: está repitiendo.
Aquí es donde el caso se vuelve incómodo para la Cuarta Transformación. Porque no se trata solo de un edil municipal, sino de una cultura política que empieza a parecerse demasiado a aquello que decía combatir. La idea de que el poder representa al pueblo se diluye cuando ese mismo poder no tolera que el pueblo le reclame en la cara.
Más preocupante aún: la violencia no suele ser un error aislado. Es el reflejo de un entorno donde se ha normalizado que “defender” al líder implica confrontar al ciudadano. No hace falta una orden directa; basta con un clima donde el equipo entiende que la crítica es un ataque y que responder con fuerza es válido.
Ese es el verdadero retroceso.
El papel de la Fiscalía General del Estado de Puebla será clave, pero también revelador. Si no hay consecuencias claras, el mensaje será contundente: en el México de la transformación, la violencia política de proximidad puede quedar impune.
Porque al final, la pregunta es más dura que cualquier consigna partidista: ¿puede un ciudadano reclamarle a un gobierno de Morena sin arriesgarse a ser agredido?
Si la respuesta empieza a ser “depende”, entonces la Cuarta Transformación enfrenta un problema serio: no de discurso, sino de credibilidad. Porque cuando el poder que se dice del pueblo golpea al pueblo, deja de transformarlo y empieza a parecerse peligrosamente a lo que juró cambiar.

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