Viento y desorden: evento de Morena termina en caos en Zumpango

Lo ocurrido en Zumpango el 1 de mayo de 2026 no fue solo un accidente provocado por el viento. Fue, más bien, una escena simbólica de cómo la improvisación también forma parte del ejercicio del poder.

Durante la toma de protesta de mandos de la Secretaría de la Defensa Nacional, una ráfaga derribó parte del templete y una mampara que terminó cayendo sobre funcionarios y mandos militares. Entre ellos, la propia gobernadora del Estado de México, Delfina Gómez, de Morena.

El discurso oficial suele insistir en orden, disciplina y control institucional, pero basta un evento público para que esa narrativa se tambalee —literalmente— frente a fallas logísticas básicas.

¿Nadie previó las condiciones climáticas?.

¿Nadie evaluó la seguridad de la estructura? 

¿O simplemente se asumió que “no pasaría nada”?

No es un detalle menor. Se trata de un acto encabezado por autoridades civiles y militares, donde la imagen de solidez del Estado debería ser prioridad. Sin embargo, lo que se proyectó fue vulnerabilidad, descuido y reacción tardía.

Más allá de que no se reportaran heridos graves, el episodio deja una pregunta incómoda: si en un evento público, cuidadosamente planeado y con presencia de altos mandos, no se garantizan condiciones mínimas de seguridad, ¿qué se puede esperar en escenarios más complejos?

En política, los símbolos importan. Y aquí el símbolo fue claro: una estructura que cae, un evento que se descompone y un gobierno que, al menos por un momento, pierde el control de la escena.

Porque a veces no hace falta una crisis mayor para evidenciar las grietas. Basta con que sople el viento.



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