De Copala a la CNTE: Solalinde, el defensor de Morena

El 5 de junio de 2026, Alejandro Solalinde publicó en sus redes sociales un mensaje en el que acusó a la CNTE de hacerle "el juego a la derecha", practicar el "chantaje" y el "vandalismo", y perjudicar al país con sus protestas.

Las declaraciones no pasaron desapercibidas.

Durante años, Solalinde construyó su prestigio público luchando, acompañando y defendiendo a migrantes, indígenas y movimientos sociales. 

Por eso, para muchos, verlo descalificar a un movimiento en conflicto con el gobierno de Morena no resultó una simple opinión, sino la confirmación de una transformación política que venía manifestándose desde tiempo atrás.

Un antecedente clave ocurrió el 2 de diciembre de 2022.

Horas después del violento desalojo de las familias indígenas desplazadas triquis de San Juan Copala del zócalo de Oaxaca por los gobiernos de Salomón Jara Cruz y Francisco Martínez Neri, ambos de Morena, Solalinde utilizó sus redes sociales para responsabilizar a los propios desplazados y a sus asesores de prolongar el conflicto.

Sus críticas se apoyaban principalmente en su experiencia como mediador entre 2011 y 2012, durante el gobierno de Gabino Cué Monteagudo, en los años posteriores al desplazamiento forzado masivo ocurrido en 2010. 

Sin embargo, utilizó esa experiencia para juzgar una realidad distinta, marcada por más de una década de desplazamiento, violencia e incumplimientos hacia las víctimas, cuyas condiciones de vida, necesidades y circunstancias habían cambiado profundamente con el paso de los años.

Cuatro días después, el 6 de diciembre de 2022, el presidente Andrés Manuel López Obrador leyó y exhibió públicamente los mensajes de Solalinde durante su conferencia matutina.

Lejos de cuestionar el violento operativo contra las familias desplazadas, sus declaraciones reforzaron la narrativa oficial del conflicto y fueron interpretadas por los indígenas desplazados triquis de San Juan Copala como un respaldo político a la actuación del gobierno oaxaqueño tras el desalojo.

Para las familias afectadas, aquellas declaraciones significaron una descalificación de una lucha que llevaba años exigiendo seguridad, justicia y condiciones reales para regresar a sus comunidades.

Quienes esperaban solidaridad encontraron cuestionamientos. Quienes denunciaban abandono institucional fueron señalados como parte del problema.

Hoy, frente a la CNTE, el esquema parece repetirse. Un movimiento que durante décadas enfrentó a gobiernos del PRI y del PAN es presentado como funcional a la derecha porque desafía a un gobierno de Morena.

La discusión no es si Solalinde tiene derecho a opinar. Lo tiene. 

La verdadera discusión es por qué movimientos sociales que antes eran considerados expresiones legítimas de resistencia pasan a ser vistos como amenazas cuando sus demandas incomodan al poder político que él respalda.

De Copala a la CNTE aparece una misma constante: cuando la protesta apunta hacia gobiernos de Morena, Solalinde parece dejar de hablar como acompañante de las causas sociales para convertirse en una voz que coincide, cada vez con mayor frecuencia, con la narrativa de quienes ejercen el poder.



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