"En México manda el pueblo"... ¿o Morena?

El 31 de mayo de 2026, mientras el oficialismo cerraba filas en torno al discurso de la soberanía nacional impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, de Morena, el senador morenista Gerardo Fernández Noroña lanzó una peculiar convocatoria: pidió a los ciudadanos colocar cartulinas en puertas y ventanas con la frase “En México manda el pueblo”.

La iniciativa podría parecer inofensiva. Sin embargo, el contexto político le da un significado mucho más profundo. 

La convocatoria surgió en medio de los señalamientos provenientes de Estados Unidos contra diversos funcionarios mexicanos y de la defensa pública que el gobierno federal ha realizado de figuras cuestionadas. 

En lugar de responder con transparencia, investigaciones o rendición de cuentas, la respuesta del oficialismo ha sido llamar a la movilización política bajo una consigna patriótica.

El problema no es defender la soberanía. Toda nación tiene el derecho y la obligación de hacerlo. 

El problema aparece cuando la soberanía se utiliza como una cortina política para desviar la atención de cuestionamientos legítimos. Porque defender a México no es lo mismo que defender a un partido, a un gobierno o a funcionarios señalados.

La frase propuesta por Noroña también encierra una contradicción evidente. 

Si en México manda el pueblo, ¿por qué las decisiones fundamentales parecen concentrarse cada vez más en un reducido grupo de poder? 

Si manda el pueblo, ¿por qué la crítica suele ser presentada como una conspiración, una campaña mediática o un ataque de los adversarios?

Además, la convocatoria proviene de uno de los dirigentes más visibles de Morena, cuya congruencia ha sido objeto de debate tras la polémica por la adquisición de una propiedad valuada en alrededor de 12 millones de pesos en Tepoztlán, Morelos.

Aunque no existe prueba de ilegalidad, el contraste entre el discurso de austeridad y el patrimonio de algunos integrantes de la llamada Cuarta Transformación alimenta dudas que no se resuelven con consignas.

Las cartulinas en ventanas pueden servir para exhibir lealtades políticas, pero no sustituyen la rendición de cuentas. No explican señalamientos. No responden preguntas. No aclaran contradicciones.

La democracia no se fortalece cuando los ciudadanos cuelgan mensajes en sus casas para respaldar al poder. 

Se fortalece cuando quienes gobiernan aceptan el escrutinio público y entienden que el patriotismo no consiste en repetir consignas, sino en exigir responsabilidades.

Porque el verdadero problema no es quién coloca una cartulina en su ventana. El verdadero problema es cuando el poder pretende convertir la lealtad política en una prueba de patriotismo.



Comentarios

Entradas más populares de este blog

Ulises Fernando Bernal Miramontes y la sombra del racismo en el Mundial 2026

Iniciativa de Ley General sobre Desplazamiento Forzado en México y la situación de indígenas triquis de Copala

¡Total éxito!, fiesta patronal de San Marcos en Yosoyuxi Copala