La CNTE se retira, pero la deuda de Morena sigue en pie
El 19 de junio de 2026, la CNTE acordó levantar el plantón en la Ciudad de México y regresar a las aulas en Oaxaca y otros estados. Tras casi tres semanas de movilizaciones, bloqueos, marchas y negociaciones, el movimiento magisterial decidió concluir esta etapa de lucha.
Para la dirigencia, encabezada por Yenny Araceli Pérez Martínez, no se trata de una derrota, sino de un repliegue para reorganizar fuerzas. Pero más allá del discurso, el desenlace deja una pregunta incómoda: ¿qué cambió realmente?
La respuesta es simple: muy poco.
La Coordinadora vuelve a las escuelas sin haber conseguido la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007 ni una reforma profunda al sistema de pensiones. Después de semanas de presión, el gobierno federal resistió y mantuvo intactos los temas centrales del conflicto.
La CNTE demostró capacidad de movilización, pero no logró convertir esa fuerza en victorias concretas. Sin embargo, también sería un error afirmar que el gobierno de Claudia Sheinbaum salió fortalecido.
Si algo exhibió este conflicto fue la distancia entre las promesas históricas de Morena y las decisiones que toma ahora desde el poder. Durante años, el partido construyó parte de su discurso denunciando reformas que afectaban al magisterio. Sus dirigentes acompañaron protestas, respaldaron demandas y acusaron a gobiernos anteriores de ignorar a los maestros.
Hoy el discurso es diferente. Lo que antes era una exigencia legítima ahora se enfrenta con argumentos presupuestales, límites financieros y llamados a la responsabilidad gubernamental.
Esa contradicción tiene un costo político. La CNTE no está reclamando algo nuevo. Está exigiendo, en gran medida, aquello que Morena prometió revisar cuando era oposición.
El conflicto también deja una lección para la Coordinadora. La movilización sigue siendo una herramienta eficaz para colocar temas en la agenda pública, pero cada vez resulta más difícil obtener resultados cuando el desgaste social también juega en contra de los manifestantes.
Por eso nadie puede proclamarse vencedor. La CNTE no obtuvo las reformas que buscaba y Morena tampoco resolvió un conflicto que arrastra décadas de inconformidad.
Los maestros regresan a las aulas, pero las causas del conflicto permanecen intactas. Mientras las pensiones, las condiciones laborales y las promesas incumplidas sigan sin respuesta, el problema continuará abierto.
La CNTE levantó el plantón. Lo que sigue en pie es la deuda política de un gobierno que prometió transformar la relación con el magisterio y hoy enfrenta la misma pregunta que lanzó a sus antecesores: ¿hasta cuándo habrá más discursos que soluciones?

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