La CNTE se retira, pero Morena sigue debiendo respuestas
El retiro de la CNTE de la Ciudad de México debería representar una victoria política para el gobierno de Claudia Sheinbaum. Después de semanas de bloqueos, movilizaciones y tensas negociaciones, el plantón terminó. Sin embargo, la propia presidenta pareció tomar distancia del resultado al señalar que corresponde a la Secretaría de Gobernación y a la Secretaría de Educación evaluar si se alcanzó una buena negociación.
La declaración revela una contradicción del oficialismo. Cuando hay éxitos, Morena suele concentrar los méritos en el liderazgo presidencial. Cuando aparecen costos políticos o resultados discutibles, la responsabilidad se distribuye entre funcionarios y dependencias.
La CNTE levantó el plantón, pero no abandonó sus demandas. La principal exigencia del movimiento, la abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, sigue pendiente. Se trata de una promesa que Morena respaldó durante años desde la oposición y que, después de casi ocho años gobernando el país, continúa sin cumplirse.
Por eso el problema ya no es únicamente educativo o sindical. Es un asunto de credibilidad política. La Coordinadora no salió de las calles porque sus demandas históricas hayan sido resueltas, sino porque obtuvo acuerdos parciales y decidió replantear su estrategia. El conflicto no terminó; simplemente entró en una pausa.
Durante las negociaciones, el gobierno argumentó que no existen condiciones financieras para satisfacer todas las exigencias del magisterio. Sin embargo, esa explicación contrasta con los discursos que durante años prometieron corregir lo que consideraban injusticias heredadas del pasado. Gobernar ha demostrado ser más complejo que hacer campaña.
La respuesta de Sheinbaum también parece una estrategia para administrar riesgos. Si los acuerdos funcionan, el gobierno podrá presumir capacidad de diálogo. Si fracasan y las protestas regresan, la responsabilidad quedará repartida entre los negociadores.
La CNTE se fue de la ciudad, pero dejó una pregunta incómoda sobre la mesa: ¿qué pasó con las promesas que Morena hizo al magisterio cuando buscaba el poder? Porque los campamentos se levantan y los bloqueos terminan, pero las promesas incumplidas permanecen. Y tarde o temprano terminan cobrando factura política.

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