La Megafarmacia de AMLO: mucha propaganda, pocos resultados
El 23 de junio de 2026, Claudia Sheinbaum salió a defender la Megafarmacia del Bienestar. Lo hizo con una frase sencilla: “está funcionando”. Pero detrás de esa afirmación se esconde una realidad que el propio gobierno terminó admitiendo sin decirlo abiertamente: la Megafarmacia ya no representa lo que prometió ser.
Cuando Andrés Manuel López Obrador la inauguró en diciembre de 2023, fue presentada como la solución definitiva al desabasto de medicamentos. El mensaje era contundente: habría una enorme reserva nacional capaz de localizar y enviar cualquier medicamento faltante a cualquier hospital del país. Era una promesa de alcance histórico. También era una apuesta política gigantesca.
Dos años y medio después, el discurso cambió. Ya no se habla de una plataforma capaz de resolver el desabasto nacional. Ahora se explica que la Megafarmacia funciona principalmente para la zona centro del país, mientras los estados más lejanos dependen de almacenes regionales y otras redes de distribución. Los medicamentos oncológicos siguen pasando por ella, pero el proyecto que se anunció como la columna vertebral del sistema terminó convertido en una pieza más de un engranaje mucho más amplio.
Eso no es una simple adecuación técnica. Es una redefinición política. Porque cuando un gobierno modifica el alcance de una obra emblemática, en realidad está reconociendo que la promesa original no resistió la prueba de la realidad.
La Megafarmacia nació como símbolo del fin del desabasto. Sin embargo, las quejas por falta de medicamentos continuaron, los hospitales siguieron enfrentando problemas de suministro y el gobierno tuvo que crear nuevas estrategias para cubrir las carencias que aquella obra supuestamente resolvería. Farmacias del Bienestar, Salud Casa por Casa, almacenes estatales y nuevas rutas de distribución aparecieron donde se había prometido una solución centralizada.
La pregunta ya no es si la Megafarmacia funciona. Seguramente mueve medicamentos todos los días. La pregunta es otra: ¿funciona para lo que se prometió?
Porque una obra pública no debe medirse por su existencia, sino por los resultados que entrega. Y cuando una promesa histórica termina reducida a una función mucho más limitada que la anunciada, lo que queda no es el triunfo de una estrategia, sino la evidencia de una expectativa que nunca logró cumplirse.
La Megafarmacia sigue abierta. Lo que parece haber cerrado es la distancia entre el discurso oficial y la realidad. Y esa factura política siempre termina llegando.

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