La Sección XXII de la CNTE mantiene la huelga y el conflicto sigue abierto
La Sección XXII de la CNTE no “insiste” en la huelga: la sostiene porque no le han dejado otra salida.
En México, el diálogo con el magisterio disidente rara vez ha sido un mecanismo de solución; ha sido una estrategia de administración del conflicto.
Cambian los gobiernos, cambian los discursos, pero se mantiene el mismo guion: mesas, promesas, ajustes mínimos y el problema intacto.
La decisión tomada el 13 de junio de 2026, tras la consulta interna en Oaxaca, no es un gesto de obstinación ni una señal de desgaste.
Es la respuesta a un modelo que ha convertido la educación pública en campo de control laboral, donde las reformas no han significado mejora, sino precarización disfrazada de modernización.
La CNTE no protesta contra un gobierno específico: protesta contra una arquitectura que se ha sostenido por décadas.
El Estado, mientras tanto, juega a la contención elegante.
Habla de diálogo, de apertura, de voluntad política. Pero evita el punto central: las demandas estructurales no se resuelven con discursos ni con ajustes administrativos.
El sistema de pensiones individualizadas, las evaluaciones punitivas y la pérdida progresiva de derechos laborales no son accidentes del modelo; son su diseño.
Por eso la protesta no desaparece. Porque no es coyuntural, es estructural. Y porque cada intento de desactivar el conflicto sin transformar el fondo solo lo posterga.
La calle, en este contexto, no es un exceso: es el único lenguaje que el poder no puede ignorar sin costo político.
La narrativa oficial suele reducir todo a afectaciones, bloqueos o caos vial. Esa simplificación es útil: convierte un conflicto político en un problema de tránsito.
Pero lo que hay detrás es otra cosa: un sector que se niega a aceptar que sus condiciones laborales sigan determinadas por reformas hechas sin consenso y sin justicia social.
La Sección XXII no está debilitada por seguir en lucha. Está activa porque el conflicto sigue abierto.
Y mientras el Estado no toque las estructuras que originan la inconformidad, cada negociación será solo una pausa, no una solución.
La verdadera estabilidad no se construye apagando protestas, sino resolviendo las causas que las generan. Y ese es precisamente el punto que ningún gobierno ha querido enfrentar a fondo.

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