México ya no vive del salario, vive del crédito
El 13 de junio de 2026 se conoció un dato que debería encender alertas tanto en el gobierno como en el sistema financiero. La cartera vencida de los créditos al consumo aumentó 35.4% en comparación con el año anterior, alcanzando más de 61 mil millones de pesos. Detrás de esa cifra no hay un problema técnico de la banca: hay millones de mexicanos enfrentando una realidad económica mucho más difícil de la que describen los discursos oficiales.
Durante años, Morena ha sostenido que los aumentos al salario mínimo, los programas sociales y la estabilidad macroeconómica han fortalecido el bienestar de las familias. Sin embargo, cuando cada vez más personas dejan de pagar tarjetas de crédito, préstamos personales y créditos de nómina, surge una pregunta inevitable: si la economía marcha tan bien, ¿por qué crece el número de quienes ya no pueden cumplir con sus obligaciones financieras?
El dato más preocupante está en las tarjetas de crédito. No son las grandes corporaciones las que están cayendo en mora. Son trabajadores, empleados y familias que utilizan el crédito para cubrir gastos cotidianos. La tarjeta dejó de ser una herramienta para adelantar consumo y se convirtió en un salvavidas para llegar al final de la quincena.
Cada cuenta impagada refleja una presión económica que las estadísticas de crecimiento no alcanzan a mostrar. Refleja hogares donde el ingreso ya no cubre con la misma facilidad alimentos, transporte, renta, servicios o medicamentos. Refleja una economía donde el crédito está sustituyendo al poder adquisitivo.
La banca tampoco puede presentarse como una víctima. Durante años expandió agresivamente el crédito al consumo porque era uno de los negocios más rentables del sistema financiero. Ahora enfrenta las consecuencias de haber prestado más en una sociedad que sigue siendo vulnerable a cualquier desaceleración económica o aumento en el costo de vida.
La cartera vencida es uno de los indicadores más sinceros de una economía. No responde a discursos, campañas ni conferencias mañaneras. Responde a la capacidad real de pago de las personas. Y lo que está mostrando hoy es que una parte creciente de la población depende de la deuda para sostener su nivel de vida.
Por eso el aumento de la morosidad no es solo un problema bancario. Es una advertencia política. Porque cuando más ciudadanos se endeudan para sobrevivir, la distancia entre la narrativa del bienestar y la realidad cotidiana comienza a hacerse imposible de ocultar.

Comentarios
Publicar un comentario