Minerva Osuna admite que no conoce Mazatlán y exhibe la improvisación de Morena
Cuando un gobernante admite que desconoce la realidad del municipio que acaba de asumir, no estamos ante un simple error de comunicación. Estamos frente a la confesión de una forma de hacer política basada en la improvisación.
El 26 de junio de 2026, la alcaldesa sustituta de Mazatlán, Minerva Osuna Zavala, sorprendió al declarar: "No sé cómo está Mazatlán, mañana me pongo a estudiar."
La frase no habría pasado de ser un desliz si Mazatlán viviera tiempos de estabilidad. Pero ocurre en una ciudad golpeada por la violencia, con afectaciones al turismo, incertidumbre económica y una creciente preocupación ciudadana por la seguridad.
En ese contexto, reconocer que se desconoce el estado del municipio no transmite humildad: transmite falta de preparación.
Gobernar no es un curso de inducción. Quien acepta la responsabilidad de dirigir un municipio debe llegar con un diagnóstico, un plan y prioridades claras. La ciudadanía no elige funcionarios para que empiecen a estudiar después de tomar protesta, sino para que desde el primer día sepan qué hacer frente a los problemas más urgentes.
El episodio también revive las críticas hacia la forma en que Morena ha distribuido cargos públicos. La cercanía política suele pesar más que la experiencia o la capacidad técnica. Esa lógica convierte a las instituciones en espacios de recompensa para grupos de poder, cuando deberían ser ocupados por perfiles capaces de responder a los desafíos del gobierno.
La vinculación política de la nueva alcaldesa con el grupo del exgobernador Rubén Rocha Moya añade un ingrediente inevitable al debate. Para muchos ciudadanos, la declaración no es un hecho aislado, sino el reflejo de una administración que privilegia la lealtad política sobre la preparación.
Nadie exige que un gobernante sea infalible. Lo mínimo que se espera es que conozca el territorio que administrará, los problemas que enfrentan sus habitantes y las decisiones que deberá tomar desde el primer minuto. Porque mientras la autoridad "empieza a estudiar", la inseguridad no espera, la economía no se detiene y los ciudadanos siguen pagando el costo de la improvisación.
Una frase puede convertirse en símbolo de toda una forma de gobernar. Y cuando esa frase es "mañana me pongo a estudiar", el mensaje que recibe la ciudadanía es tan preocupante como difícil de justificar.

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