¿Por qué Sheinbaum recibió al Pato Merlín y no a las madres buscadoras?
El 26 de junio de 2026, Claudia Sheinbaum volvió a defender la estrategia de su gobierno frente a los colectivos de familiares de personas desaparecidas. Afirmó que la atención corresponde a la Secretaría de Gobernación y a la Comisión Nacional de Búsqueda, respaldó a Rosa Icela Rodríguez y Arturo Medina, e insistió en que sí existen reuniones con las víctimas, aunque muchas se realizan de manera privada.
Nadie cuestiona que la SEGOB y la Comisión tengan la obligación legal de atender a las familias. Para eso existen. Lo que está en debate es el liderazgo político de la Presidencia frente a una crisis que supera las 130 mil personas desaparecidas.
Gobernar no consiste solo en delegar responsabilidades; también implica enviar señales claras sobre cuáles son las prioridades del Estado.
Y ahí surge un contraste que el Gobierno no ha logrado disipar.
Mientras las madres buscadoras siguen solicitando una audiencia directa con la Presidenta, el Pato Merlín y su familia fueron recibidos públicamente en Palacio Nacional, con amplia difusión y respaldo institucional. El problema nunca fue el pato; el problema fue el mensaje.
Para miles de familias que buscan a un hijo, una hija o un hermano desaparecido, esa imagen resultó profundamente simbólica. Un fenómeno viral obtuvo una audiencia pública en cuestión de días, mientras ellas continúan reclamando un encuentro directo con la titular del Ejecutivo.
Sheinbaum sostiene que evita hacer públicas sus reuniones con víctimas para no utilizar su dolor como propaganda. Es un argumento válido. Sin embargo, cuando los propios colectivos denuncian falta de diálogo directo, la explicación deja de convencer a una parte importante de la sociedad.
La Secretaría de Gobernación y la Comisión Nacional de Búsqueda cumplen una función indispensable, pero ninguna dependencia puede sustituir el peso político y moral de una Presidenta que escucha personalmente a quienes viven una tragedia nacional.
Morena llegó al poder prometiendo poner primero a las víctimas y a los olvidados. Hoy, muchas familias sienten que sus demandas siguen canalizadas por la burocracia, mientras otros temas reciben atención inmediata desde el más alto nivel del poder.
En política, las prioridades no se explican: se demuestran. Y cuando las imágenes contradicen el discurso, son esas imágenes las que permanecen en la memoria colectiva.

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