Sheinbaum y la CNTE: el diálogo que no resuelve

La mesa de diálogo entre el gobierno federal y la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación terminó como han terminado muchas negociaciones en la historia reciente de México: con fotografías, comunicados y promesas de seguir hablando, pero sin soluciones de fondo.

El 2 de junio de 2026, los dirigentes de la CNTE salieron de la reunión con la Secretaría de Gobernación y la Secretaría de Educación Pública denunciando que no hubo respuestas favorables a sus principales demandas. 

Más aún, acusaron que el gobierno sigue sin fijar una fecha para una reunión directa con la presidenta Claudia Sheinbaum. 

El mensaje político es claro: la interlocución existe, pero la decisión no aparece.

El problema para el régimen morenista es que durante años construyó su discurso sobre la cercanía con los movimientos sociales y la crítica a los gobiernos que respondían a las protestas con indiferencia burocrática. 

Hoy, desde el poder, enfrenta el mismo dilema que antes denunciaba: cómo contener una movilización sin ceder a todas sus exigencias.

La Coordinadora exige la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007, un nuevo sistema de pensiones y mejoras salariales que implican enormes costos presupuestales. 

El gobierno argumenta que las finanzas públicas tienen límites. 

En términos técnicos, la postura oficial puede ser comprensible. En términos políticos, el problema es otro: las expectativas fueron alimentadas durante años por el propio movimiento que hoy gobierna.

La ausencia de una reunión presidencial agrava el conflicto.

Mientras la dirigencia magisterial interpreta el silencio como una señal de desinterés, el gobierno parece apostar al desgaste de las protestas. 

Sin embargo, esa estrategia entraña riesgos. 

Cada día sin acuerdos fortalece la narrativa de que la llamada transformación también recurre a la dilación cuando las demandas provienen de sectores que antes consideraba aliados.

La contradicción es evidente. Morena llegó al poder prometiendo una relación distinta con los movimientos sociales. 

Pero cuando las exigencias chocan con la realidad presupuestal y las responsabilidades de gobierno, el discurso de la empatía se encuentra con los límites del poder.

La CNTE tampoco está exenta de cuestionamientos. Mantener bloqueos indefinidos y presionar mediante la afectación de terceros puede generar desgaste social y reducir simpatías. Sin embargo, el costo político principal recae en quien gobierna.

Porque cuando un gobierno que se presenta como cercano al pueblo no logra convencer a uno de los movimientos sociales más importantes del país, el problema ya no es de comunicación. Es de credibilidad.

Y en política, la credibilidad perdida suele ser mucho más difícil de recuperar que cualquier negociación.



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