Andrés Manuel López Beltrán: Morena y la herencia del poder en Tabasco
El 25 de mayo de 2026, Andrés Manuel López Beltrán renunció a la Secretaría de Organización de Morena para buscar una diputación federal por Tabasco.
Oficialmente, la salida fue presentada como un acto de “congruencia” partidista. En realidad, parece el siguiente movimiento de una sucesión política cuidadosamente administrada desde el obradorismo.
Durante años, Morena negó que existiera una dinastía política alrededor de la familia López Obrador. Sin embargo, la realidad terminó alcanzando al discurso.
Andy López Beltrán pasó de ser un operador discreto a convertirse en uno de los hombres más poderosos dentro del partido gobernante: control territorial, afiliaciones, estructura electoral y decisiones internas estratégicas. Sin ocupar un cargo de elección popular, acumuló influencia como pocos.
Ahora busca dar el salto formal a las urnas.
El problema no es solamente que el hijo del expresidente aspire a una diputación. El problema es el contexto en el que ocurre.
Morena nació prometiendo terminar con los privilegios, el influyentismo y las viejas prácticas del PRI. Pero con el paso de los años ha terminado reproduciendo exactamente aquello que decía combatir: grupos familiares, herencias políticas y concentración de poder.
La candidatura de Andy en Tabasco no puede separarse del peso simbólico del apellido López Obrador. En un estado donde el obradorismo domina instituciones, estructuras y programas sociales, competir con ese respaldo no es partir desde piso parejo; es competir con todo el aparato político y emocional construido durante décadas.
La renuncia también revela otra realidad incómoda: Morena ya no funciona solamente como un partido-movimiento, sino como una maquinaria de control interno donde las candidaturas estratégicas parecen definirse desde círculos cerrados.
Mientras miles de militantes recorren calles bajo el discurso de la transformación, las posiciones clave continúan orbitando alrededor del mismo grupo político.
El obradorismo prometió combatir el “dedazo”. Hoy enfrenta acusaciones de practicar una versión familiar del mismo fenómeno.
Y Tabasco vuelve a convertirse en el epicentro del mensaje político: el movimiento que nació criticando a las élites ahora prepara a sus propios herederos. Porque aunque Morena insista en llamarlo relevo generacional, para muchos mexicanos la escena tiene otro nombre: sucesión dinástica disfrazada de democracia interna.

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