Javier May Rodríguez y Mota-Engil: la transformación que se factura en Tabasco
La Cuarta Transformación prometió acabar con el viejo modelo donde unos cuantos empresarios cercanos al poder se quedaban con los grandes contratos públicos.
Prometió poner primero al pueblo, fortalecer las economías locales y terminar con el “capitalismo de cuates”.
Pero en Tabasco, tierra del obradorismo, la historia parece repetirse… solo que ahora con acento portugués.
El gobierno de Javier May Rodríguez enfrenta fuertes cuestionamientos luego de que trascendiera que los principales proyectos de infraestructura de su administración habrían sido entregados a Mota-Engil, la constructora portuguesa que desde hace años aparece ligada a las obras emblemáticas de la Cuarta Transformación.
La bolsa rondaría los cinco mil millones de pesos. Mientras tanto, constructoras tabasqueñas denuncian estar prácticamente paralizadas, sin contratos y al borde de la quiebra.
La ironía política es brutal. Durante décadas, Morena criticó que los gobiernos neoliberales desplazaran a empresarios locales para favorecer a grandes corporativos con relaciones privilegiadas.
Hoy, los mismos argumentos regresan, pero apuntando contra quienes llegaron prometiendo hacer las cosas distintas.
Porque el problema no es solamente quién gana los contratos.
El problema es el mensaje político. ¿Cómo justificar que un gobierno que presume “amor al pueblo” termine concentrando miles de millones en una firma extranjera mientras empresas locales sobreviven entre despidos, deudas y obras detenidas?
En Tabasco no solo se juega una licitación. Se juega la narrativa completa de la transformación.
Y cada vez más voces comienzan a preguntarse si el discurso anticorrupción realmente desmontó las viejas redes de privilegio… o simplemente cambió de beneficiarios.
Mota-Engil no es una desconocida en el universo obradorista. Su presencia en proyectos estratégicos federales la convirtió en símbolo del nuevo poder empresarial cercano a la Cuarta Transformación.
Por eso la molestia crece: porque mientras el oficialismo habla de soberanía económica y justicia social, las constructoras tabasqueñas ven cómo las grandes obras pasan de largo frente a sus oficinas vacías.
La frase “amor con amor se paga” nació como lema político de López Obrador para hablar de reciprocidad con el pueblo.
Pero en Tabasco, la oposición ya la resignificó: dicen que el verdadero amor se paga con contratos multimillonarios.
Y ese golpe duele más cuando ocurre precisamente en el estado que vio nacer al movimiento que juró terminar con los privilegios del poder.

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