Morena recicla al PRI: Alejandro Murat, poder y sospechas de corrupción

En la narrativa oficial, la Cuarta Transformación prometió romper con los vicios del pasado. En los hechos, cada vez se parece más a su continuidad. El caso de Alejandro Murat Hinojosa lo exhibe.

Murat Hinojosa gobernó Oaxaca de 2016 a 2022 por el PRI, el mismo partido que Morena prometió desplazar. 

Tras más de dos décadas como priista, rompió en 2023, se integró al proyecto en 2024 y formalizó su afiliación a Morena en febrero de 2025.

Hoy es senador y delegado de Morena en Nuevo León. Es decir, operador político: construye alianzas, ordena estructuras y prepara la maquinaria electoral rumbo a 2027. No es un cargo menor.

El problema es otro: Alejandro Murat está bajo investigación por un presunto desvío de hasta 98 mil millones de pesos durante su gobierno. No es una observación aislada, sino un conjunto de irregularidades que apuntan a fallas estructurales y posible manejo discrecional de recursos.

Y aun así, lejos de ser apartado, es incorporado al núcleo operativo del partido.

Aquí el discurso de la Cuarta Transformación choca con la realidad. Si el eje es combatir la corrupción, ¿cómo se sostiene que uno de sus operadores arrastre investigaciones de este tamaño?. ¿En qué momento “no robar, no mentir, no traicionar” dejó de ser límite?.

La respuesta es incómoda: Morena no erradica las prácticas del viejo régimen, las administra. Integrar perfiles con poder y redes, aunque estén cuestionados, no es transformación; es pragmatismo.

El discurso promete ruptura; la práctica muestra continuidad.

Nombrar a Murat en Nuevo León no es casualidad: revela que el capital político pesa más que la congruencia. La operación electoral manda, incluso si eso tensiona el discurso anticorrupción.

No es un caso aislado. Es un patrón.

La pregunta no es si es culpable —eso lo dirán las instituciones—, sino por qué perfiles así no solo son aceptados, sino empoderados dentro de la Cuarta Transformación.

Porque cuando un proyecto empieza a parecerse a lo que prometió combatir, deja de ser transformación. Y se convierte en relevo.

Un dato final: su padre, José Murat Casab, sigue en el PRI. Más que ruptura, lo que hay es reacomodo del mismo poder.



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