Morena recorta clases por el Mundiial

El 7 de mayo de 2026, la Secretaría de Educación Pública y las autoridades educativas de todos los estados del país acordaron por unanimidad modificar el Calendario Escolar 2025-2026.

La decisión, respaldada por el gobierno de Claudia Sheinbaum Pardo y por la SEP encabezada por Mario Delgado Carrillo, implica terminar el ciclo escolar más de un mes antes de lo previsto.

El argumento oficial mezcla dos razones: la ola de calor y la organización del Mundial de Futbol 2026.

Pero la medida abrió una pregunta inevitable: ¿de verdad la prioridad es la educación?

Durante años, Morena construyó un discurso político basado en la austeridad republicana, el combate a los privilegios y la promesa de poner “primero a los pobres”.

En ese relato, la educación pública ocupaba un lugar central, especialmente después del rezago provocado por la pandemia.

Sin embargo, hoy el propio gobierno federal reduce semanas completas de clases y coloca al Mundial como parte de la justificación oficial.

Ahí comienza la contradicción.
Porque nadie discute que en algunas regiones del país las altas temperaturas representan un riesgo real.

El problema es que la SEP decidió aplicar una medida nacional uniforme en un país con realidades climáticas completamente distintas.

Mientras en el norte persisten temperaturas extremas, en buena parte del centro y sur, junio ya es temporada de lluvias.

Entonces surge la duda legítima: si el motivo fuera estrictamente climático, ¿por qué no tomar decisiones regionales?

La respuesta parece encontrarse en otro lado: el Mundial.
México quiere mostrar capacidad logística, movilidad, seguridad y organización internacional.

Y para lograrlo, la administración de Claudia Sheinbaum y el secretario Mario Delgado terminaron ajustando el calendario educativo de millones de estudiantes.

En otras palabras, la escuela terminó adaptándose al espectáculo.

El costo no es menor. El país todavía enfrenta graves problemas de aprendizaje tras la pandemia.

Miles de estudiantes presentan rezagos en lectura, matemáticas y comprensión básica.

Reducir más de treinta días efectivos de clases sin presentar un plan serio de compensación académica parece una apuesta política de alto riesgo.

Y también una señal preocupante.
Porque mientras el discurso oficial insiste en defender al pueblo, las familias trabajadoras enfrentarán semanas adicionales con hijos fuera de clases, gastos extra y dificultades de cuidado infantil.

Los más afectados no serán quienes puedan pagar cursos de verano privados, sino precisamente los sectores que Morena dice representar.

El Mundial durará unas semanas. El rezago educativo puede durar generaciones.

Y ahí está el verdadero problema para el gobierno: la sensación de que, otra vez, la propaganda y la imagen internacional pesan más que las prioridades de fondo.



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