Oaxaca y la normalización de los civiles armados en los conflictos sociales
Lo ocurrido el 27 de mayo de 2026 en el crucero de Mitla no es un episodio aislado.
Oaxaca comienza a acumular un patrón cada vez más preocupante: protestas sociales que terminan enfrentadas por civiles organizados mientras el Estado pierde capacidad para contener los conflictos mediante la vía institucional.
La secuencia se repite una y otra vez.
Primero aparece un bloqueo carretero. Después crece el hartazgo social. Más tarde surgen grupos de pobladores, transportistas o civiles que deciden intervenir por cuenta propia. Finalmente llegan las agresiones, las detonaciones y el caos.
Pasó el 21 de julio de 2021 en el crucero de Hacienda Blanca, Etla. Integrantes del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente (MULTI) fueron atacados violentamente por pobladores cansados de los cierres carreteros.
El saldo dejó cuatro heridos de bala y escenas donde civiles participaron directamente en un ataque armado dentro de un conflicto social.
Volvió a repetirse el 4 de junio de 2024 en el crucero del Aeropuerto Internacional de Oaxaca. Integrantes de la Sección XXII de la CNTE fueron confrontados por pobladores, transportistas y policías comunitarios de San Juan Bautista La Raya que buscaban liberar los accesos a la terminal aérea.
La violencia escaló rápidamente. Hubo agresiones con piedras, palos, machetes, cohetones y armas de fuego.
Los reportes periodísticos confirmaron al menos un maestro herido de bala, maestras retenidas temporalmente y la suspensión de vuelos y operaciones comerciales por razones de seguridad.
Y ahora el crucero de Mitla revive exactamente la misma lógica.
Docentes de la Sección XXII mantenían un bloqueo sobre la carretera federal 190 cuando civiles y presuntos transportistas irrumpieron para desalojarlos.
Los videos difundidos muestran detonaciones de arma de fuego, momentos de pánico y manifestantes replegándose para resguardarse.
Hasta el momento no se reportan maestros heridos de bala en Mitla. Sin embargo, el dato central sigue siendo alarmante: otra vez aparecen civiles armados participando directamente en un conflicto político y social.
Ese es el verdadero problema de fondo.
Porque Oaxaca comienza a normalizar una peligrosa sustitución del Estado: grupos civiles actuando como fuerza de contención frente a protestas sociales mientras las autoridades quedan rebasadas, ausentes o políticamente paralizadas.
Cuando ciudadanos, transportistas o grupos locales asumen funciones que corresponden exclusivamente a la autoridad, la gobernabilidad empieza a fracturarse.
Y lo más grave es que cada episodio genera menos sorpresa que el anterior.
Mitla deja una advertencia inquietante para Oaxaca: cuando el Estado pierde control sobre los conflictos sociales, otros comienzan a intentar resolverlos mediante la fuerza.

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