Alcalde de Morena coloca su nombre y el de Emilio Montero en obra pública en Juchitán

Como en los tiempos del viejo régimen priista, cuando la obra pública servía para promover a los gobernantes en turno, en Juchitán de Zaragoza, Oaxaca, resurgen prácticas que contrastan con el discurso de cambio.

El presidente municipal Miguel Sánchez Altamirano, emanado de Morena, decidió colocar su nombre —junto al de su aliado político Emilio Montero Pérez, también identificado con Morena y actual titular del Instituto Estatal de Educación Pública de Oaxaca (IEEPO)— en un puente peatonal iluminado construido con recursos públicos en Playa Vicente.

La obra no solo incluye un arco con ambos nombres, sino que además fue nombrada como “Puente Peatonal Emilio Montero Pérez”, dejando claro el carácter personalista del proyecto. Pero hay un elemento adicional que refuerza el mensaje político:

la estructura está pintada con los colores característicos de Morena, lo que acentúa la percepción de que una obra financiada con dinero público fue utilizada también como símbolo partidista.

El hecho fue celebrado públicamente. El 7 de abril de 2026, desde su cuenta de facebook, Irán Santiago Montero elogió a Emilio Montero como “uno de los líderes con mayor peso político en Oaxaca” y justificó que su nombre quedara grabado en la obra, rematando con una frase que descalifica cualquier crítica: “Solamente los que no están con la Cuarta Transformación pensarán diferente...”

A esto se suma un elemento que no puede ignorarse: la promoción política que rodea a la figura de Montero Pérez no se limita a una obra pública. En actividades comunitarias, redes sociales y espacios locales aparece de forma recurrente la identidad “Equipo EMP”, lo que sugiere la construcción de una base política propia.

Sin que exista un anuncio formal, el patrón es evidente: se está posicionando a Emilio Montero Pérez como una figura con proyección más allá del ámbito municipal o administrativo. La narrativa, la presencia territorial y la promoción constante apuntan a un objetivo mayor dentro del escenario político de Oaxaca.

El fondo es claro: bajo las siglas de Morena, se reproducen prácticas que durante años fueron criticadas al viejo PRI: usar la obra pública para posicionar nombres, construir imagen y reforzar grupos políticos.

El contraste es inevitable. Mientras Andrés Manuel López Obrador evitó que su nombre se plasmara en obras públicas, en Juchitán no solo se colocan nombres, sino que también se imprime identidad partidista en infraestructura que debería ser de todos.

La pregunta queda en el aire: ¿esto es transformación o la misma política de siempre, ahora pintada de otro color?. Porque cuando la obra pública tiene nombre, padrinos… aspiraciones y colores, deja de ser del pueblo y se convierte en propaganda.



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