Café, boletos y opacidad: la nueva burocracia dorada de Morena
La llamada “Cuarta Transformación” volvió a tropezar con uno de sus mayores enemigos: su propia contradicción.
Mientras millones de mexicanos enfrentan inflación, salarios insuficientes y recortes cotidianos en su economía familiar, en la Cámara de Diputados aparecieron contratos para 2026 que incluyen casi un millón de pesos en café, más de 600 mil pesos en alimentos para el Canal del Congreso y 390 mil pesos en boletos para KidZania.
Todo bajo el control de una mayoría legislativa dominada por Morena y sus aliados.
Lo más grave no es solamente el monto. Es el simbolismo político.
Morena llegó al poder prometiendo acabar con los privilegios, los gastos innecesarios y la opacidad que durante décadas representaron el PRI y el PAN.
Andrés Manuel López Obrador construyó buena parte de su liderazgo denunciando los excesos de la “mafia del poder”, los despilfarros burocráticos y la hipocresía de una clase política que hablaba de pueblo mientras vivía rodeada de privilegios.
Hoy, años después del triunfo de la Cuarta Transformación, el discurso empieza a desmoronarse frente a los hechos.
Porque cuando el Comité de Transparencia reserva información sobre quién maneja el servicio alimentario; cuando no se aclara quién recibirá mil boletos de KidZania pagados con recursos públicos; y cuando el Congreso gasta cientos de miles de pesos en consumos internos mientras predica austeridad, la pregunta se vuelve inevitable: ¿cuál transformación?
La vieja política no siempre regresa con los mismos rostros. A veces vuelve con nuevos colores, nuevos slogans y nuevas conferencias mañaneras, pero con las mismas prácticas de siempre.
Morena criticó durante años el derroche legislativo del PRI y del PAN.
Hoy enfrenta exactamente el mismo reclamo: discrecionalidad, opacidad y una élite política que parece vivir cada vez más lejos de la realidad cotidiana del país.
La diferencia es que Morena ya no puede culpar a “los de antes”.
Ahora son ellos quienes administran el poder, el presupuesto y los contratos.
Y cada peso gastado en privilegios burocráticos erosiona la narrativa moral que sostuvo a la Cuarta Transformación durante años.
Porque la austeridad no puede ser un discurso para el pueblo y un menú especial para la clase política.

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