"Detuvieron al maestro Macario": gritaba la gente en Santiago Juxtlahuaca

“Detuvieron al maestro Macario”, gritaban en Santiago Juxtlahuaca. “¡Acaban de detenerlo!”, se repetía de boca en boca, sin que nadie lograra procesar lo que estaba ocurriendo.

La pregunta era una sola, insistente: “¿Por qué?” Y la respuesta, la misma: “No se sabe”.

El 15 de mayo de 2026, viernes de plaza en Santiago Juxtlahuaca —uno de los días de mayor concentración comercial y social en la cabecera municipal— la noticia se expandió en medio del movimiento habitual de comerciantes, compradores y habitantes de comunidades cercanas.

La reacción fue inmediata y más intensa: la rutina se rompió de golpe.

“Lo conozco… no puede ser. No es hombre de armas. No es gente problemática. Es buena gente, es buena onda. Es mi amigo”, decían habitantes, todavía sin comprender la dimensión del hecho.

“Es un hombre tranquilo y de paz”, insistían otros, intentando describir la imagen que tenían de él frente al despliegue policial.

Otros, al ver el operativo, reaccionaron con enojo e incredulidad: “¿Por qué lo capturan así, como si fuera un delincuente, con tantos policías? Si es solo profesor…”, se escuchaba entre la multitud.

“¿Por qué tanta saña del gobierno contra él?”, decían otros.

En medio del día de plaza, la tensión se desbordó. Muchos corrían; otros gritaban intentando confirmar la información, mientras el rumor se extendía entre puestos, calles y accesos principales del municipio.

La detención de Macario García Merino, maestro jubilado y máximo líder del Movimiento de Unificación y Lucha Triqui Independiente, ocurrió en su domicilio en Agua Fría Copala, alrededor de las 9:30 horas.

El operativo fue ejecutado por más de 20 elementos de policías estatales y ministeriales, con cuatro camionetas policiales y dos unidades negras con vidrios polarizados de la Agencia Estatal de Investigaciones de la Fiscalía General del Estado de Oaxaca.

Los agentes, fuertemente armados, ingresaron en medio de una escena que rápidamente se conectó con el caos que ya comenzaba a sentirse en la cabecera municipal.

“Es mi amigo…”, repetían algunos. Otros lloraban en silencio.

La noticia se expandió por Juxtlahuaca y comunidades cercanas, convirtiéndose en el centro de conversación del día, entre incredulidad, enojo y desconcierto.

Niños, jóvenes, mujeres y ancianos triquis reaccionaron con sorpresa y tristeza. Para muchos, Macario no era un actor político distante, sino un maestro que formó generaciones y seguía siendo parte del tejido cotidiano de la región.

En la memoria colectiva de la zona, pocas noticias generan una reacción tan extendida.

Una de las más recordadas es el asesinato de Antonio Ramírez Flores, ocurrido un jueves de plaza en Santiago Juxtlahuaca el 24 de julio de 1986, en pleno contexto de las celebraciones al Apóstol Santiago, santo patrono del municipio.

Aquel día, la cabecera municipal estaba abarrotada de gente, comerciantes y danzantes, en medio de una de las festividades más importantes de la región.

Ramírez Flores es recordado como una de las figuras más influyentes de la zona, con una capacidad de articulación política y organizativa que alcanzó prácticamente la totalidad de las comunidades triquis de Copala, sin un referente equivalente hasta la fecha.

Por eso, cuando una figura es percibida como cercana y respetada, su detención no solo se informa: rompe la normalidad, desordena el tejido comunitario y deja una pregunta suspendida en el aire que nadie en la región termina de responder.




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