El "Chocolate del Bienestar" y los muros invisibles de Morena en Tabasco
La gira presidencial por Tabasco, en el marco del llamado “Chocolate del Bienestar”, volvió a exhibir una constante de la Cuarta Transformación: el control del relato pesa tanto como el propio acto gubernamental.
En la finca "El Morralero", en Comalcalco, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó avances de un proyecto para integrar el cacao tabasqueño a una cadena agroindustrial estatal bajo el discurso de precios justos, eliminación de intermediarios y beneficio directo al productor. Sin embargo, el entorno del evento resulta tan relevante como el anuncio mismo.
De acuerdo con versiones locales, campesinos beneficiarios de programas sociales habrían sido convocados bajo advertencias implícitas sobre la continuidad de apoyos si no asistían. Una práctica que, de confirmarse, difumina la frontera entre política social y movilización inducida, donde el derecho se convierte en condicionamiento.
A ello se suman los filtros de acceso y el control del espacio. Cercos, restricciones y hermetismo marcaron la dinámica del evento, en una lógica ya conocida: administrar la imagen pública antes que abrir espacio al disenso. La política se muestra ordenada, pero no necesariamente abierta.
También se registraron intentos de expresar inconformidades, como el caso de familias del Colegio de Bachilleres que exigían la reinstalación de un docente despedido. Reclamos locales que rara vez alcanzan visibilidad nacional y que, en este tipo de actos, suelen quedar subordinados a la logística oficial.
La paradoja es evidente: mientras el discurso presidencial insiste en la cercanía con el pueblo, la operación política tiende a filtrar, ordenar y encapsular esa cercanía. No se trata solo de seguridad, sino de una gestión del espacio público que limita la espontaneidad del conflicto social.
El proyecto del “Chocolate del Bienestar” puede tener viabilidad productiva para el cacao tabasqueño, pero ningún programa social puede analizarse únicamente desde su diseño técnico. También importa el contexto político en el que se presenta y la relación del poder con sus supuestos beneficiarios.
Porque en política, los símbolos pesan tanto como las obras. Y en Tabasco, entre cercos, control y discursos de integración, la pregunta sigue abierta: ¿se construye una política de bienestar o una administración cada vez más cuidadosa de quién puede hablar frente al poder?

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