El "desarrollo" que arrasó los árboles en Santo Domingo Petapa

En Santo Domingo Petapa, Oaxaca, el discurso oficial del “progreso” volvió a tener el mismo precio de siempre: árboles derribados, ciudadanos ignorados y poder político imponiéndose sobre la comunidad.

Entre el 21 y 22 de mayo de 2026, habitantes denunciaron que el gobierno municipal encabezado por Aldo Enrique Cruz Domínguez, alcalde del Movimiento Ciudadano, ordenó la tala de árboles antiguos en el parque central para construir una obra deportiva techada. 

La indignación no surgió solo por la destrucción ambiental, sino por la forma en que ocurrió: motosierras, maquinaria pesada y trabajadores municipales confrontando a ciudadanos que intentaban impedir el derribo.

El argumento oficial raya en el absurdo. El ayuntamiento justificó la eliminación de áreas verdes diciendo que los deportistas necesitaban pavimento y techo de lámina.

Pero en una región del Istmo donde las temperaturas superan los 40 grados, destruir árboles maduros para colocar concreto no es modernización; es una decisión profundamente irresponsable.

Los árboles no eran un adorno. Eran sombra, regulación térmica, identidad comunitaria y uno de los pocos espacios de respiro en medio del calor extremo. 

Quitarlos para reemplazarlos con lámina convierte el espacio público en un horno urbano financiado con dinero público.

El problema va más allá de Petapa. En México, demasiados gobiernos municipales siguen confundiendo desarrollo con cemento. 

Se talan árboles para plazas, canchas, estacionamientos y obras “modernas” que muchas veces terminan deteriorando la calidad de vida de la población.

La política del concreto rápido sigue siendo más rentable electoralmente que la protección ambiental.

Las denuncias ciudadanas también apuntan a algo más grave: la posible ausencia de permisos ambientales. 

Si se confirma que la tala ocurrió sin autorización federal, el caso podría constituir un delito ambiental. 

Y ahí surge la gran pregunta: ¿quién supervisa realmente a los alcaldes cuando deciden destruir patrimonio natural bajo el pretexto de obras públicas?

Lo ocurrido en Santo Domingo Petapa revela una práctica cada vez más común: autoridades que hablan de bienestar mientras eliminan árboles, minimizan protestas y desacreditan a quienes defienden su territorio. 

Después llegan los discursos sobre cambio climático, olas de calor y sustentabilidad. Pero en los hechos, muchos gobiernos siguen gobernando con motosierra en mano.



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