Farid Acevedo López y la rectoría de la UABJO bajo la sombra de Morena
La elección de Farid Acevedo López como rector de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca para el periodo 2026-2030, formalizada el 13 de mayo de 2026, no es un hecho aislado: es un síntoma político de mayor alcance que reabre el debate sobre la autonomía universitaria en Oaxaca.
El nuevo rector no proviene de la periferia académica. Fue secretario de Finanzas del gobierno de Salomón Jara Cruz hasta marzo de 2026, pieza clave de la llamada “Primavera Oaxaqueña”, expresión local del proyecto político de Morena y la Cuarta Transformación. Esa trayectoria coloca su llegada a la rectoría en el centro de la controversia.
Para sus críticos, no se trata de una candidatura universitaria en sentido estricto, sino de la continuidad del poder político dentro de la institución. La frontera entre Estado y universidad se vuelve difusa cuando un exalto funcionario transita directamente a una elección interna de una universidad pública.
El proceso fue presentado como un ejercicio democrático universitario. Sin embargo, distintos sectores denunciaron presunta intervención de estructuras vinculadas a Morena, redes de operación política y respaldo de actores afines al gobierno estatal. Bajo esta lectura, la contienda no fue exclusivamente académica, sino atravesada por influencias externas.
La UABJO arrastra una historia de conflictos internos y disputas por el control institucional. Pero el caso actual añade un elemento nuevo: la presencia directa de perfiles que provienen del aparato gubernamental, lo que intensifica la percepción de captura política.
Los defensores del proceso sostienen que hubo voto, reglas y legitimidad interna. Formalmente, ese argumento se mantiene. Sin embargo, la autonomía universitaria no se define solo en urnas, sino en condiciones reales de equidad, ausencia de presiones y capacidad de decisión libre.
En ese contexto, la “Primavera Oaxaqueña”, como expresión del poder estatal de Morena en Oaxaca, aparece como un factor de fondo en la disputa por la universidad. No necesariamente como actor formal, sino como entorno político de influencia.
El resultado es una rectoría con dos lecturas: para unos, la expresión de la voluntad universitaria; para otros, la consolidación de un proyecto político dentro de la educación superior. En ambos casos, la universidad queda en el centro de una tensión que trasciende lo académico.
La pregunta de fondo no es si Farid Acevedo ganó la elección, sino qué tipo de autonomía puede sostener una universidad cuando el poder político deja de ser externo y pasa a ser percibido como parte del propio proceso interno.

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