Las camionetas machuchonas de Morena
La contradicción estaba estacionada afuera de Palacio Nacional. Mientras adentro se reunían Claudia Sheinbaum y 24 gobernadores de Morena para hablar del IMSS-Bienestar y de la “transformación” del país, afuera se alineaban Yukon, Tahoe, Suburban, Infiniti y convoyes blindados que parecían sacados del mismo viejo régimen que prometieron sepultar.
La imagen golpea porque Morena convirtió durante años las camionetas “machuchonas” en símbolo del abuso del poder.
Andrés Manuel López Obrador hizo de la austeridad republicana una bandera moral y política. Las Suburban eran, según el discurso obradorista, el retrato del PRI corrupto, de los privilegios y de una élite divorciada de la realidad del país.
Hoy, esa misma estética define al nuevo poder.
La escena de este 14 de mayo de 2026 fue demoledora: gobernadores descendiendo de vehículos de lujo, escoltas abriendo paso, cristales oscuros, camionetas blindadas y aparatos de seguridad que recuerdan exactamente aquello que Morena juró combatir.
El problema no es solamente el costo de los vehículos. Un gobernador puede alegar razones de seguridad. El verdadero problema es político y moral.
Porque Morena nunca criticó esas camionetas por razones técnicas; las criticó porque las convirtió en símbolo de corrupción, privilegio y desconexión con la gente.
Durante años construyó una narrativa donde ellos representaban la sencillez y sus adversarios la ostentación.
Ahora ocurre algo incómodo para la Cuarta Transformación: el poder terminó pareciéndose demasiado a aquello que decía odiar.
La austeridad quedó reducida a discurso. Y las imágenes pesan más que cualquier mañanera.
Durante años el obradorismo repitió que no serían iguales. Pero el tiempo empieza a mostrar algo distinto: quizá cambiaron los colores, los slogans y los enemigos, pero el ritual del poder sigue exactamente intacto.
Solo cambiaron los pasajeros de las camionetas.

Comentarios
Publicar un comentario