Maestras de la CNTE amarradas en Mitla y un gobierno de Morena rebasado
Las imágenes de maestras de la Sección XXII de la CNTE amarradas, retenidas y exhibidas públicamente en el crucero de Mitla no solo retratan un episodio de violencia. Retratan algo más grave: el colapso de la autoridad del Estado en Oaxaca.
Lo ocurrido el 27 de mayo de 2026 sobre la carretera federal 190 ya no puede explicarse como el típico choque entre manifestantes y ciudadanos hartos de los bloqueos.
Lo que apareció fue otra cosa: civiles organizados asumiendo funciones de fuerza pública, capturando personas, sometiéndolas y trasladándolas por la fuerza mientras el gobierno desaparecía de la escena.
Ese es el verdadero tamaño de la crisis.
Cuando grupos civiles armados desalojan protestas, retienen maestros y controlan carreteras, el mensaje político es devastador: el Estado perdió el control territorial y permitió que la violencia sustituyera a las instituciones.
La indignación no surge únicamente por las agresiones contra las docentes. Surge porque las escenas recuerdan prácticas de humillación pública y castigo colectivo más cercanas a escenarios de descomposición social que a un estado democrático.
Sí, existe un hartazgo real de miles de ciudadanos frente a los bloqueos permanentes de la CNTE. Pero nada justifica la privatización de la violencia ni la aparición de “grupos de choque” actuando con aparente protección política.
El gobierno estatal de quedó atrapado entre dos fuegos: una Sección XXII radicalizada y una población cansada de vivir rehén de cierres carreteros. Pero precisamente para eso existe el Estado: para impedir que los conflictos sociales terminen resolviéndose con turbas, armas y secuestros improvisados.
La crisis también exhibe el agotamiento del viejo modelo de negociación con la CNTE. Décadas de acuerdos políticos, tolerancia mutua y administración del conflicto construyeron una bomba que hoy explota frente a un gobierno incapaz de contenerla.
Mitla deja una advertencia peligrosa para Oaxaca y para el país: cuando la autoridad se repliega, el vacío lo llena la violencia. Y cuando la violencia civil sustituye al Estado, todos terminan perdiendo.
Las maestras humilladas sobre la carretera 190 son hoy el símbolo más visible de un gobierno rebasado por un conflicto que nadie quiso resolver a tiempo.

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