Maribel Solache González y el acordeón de Morena
La diputada de Morena, Maribel Solache González, quizá no imaginó que su intervención del 28 de mayo de 2026, terminaría convirtiéndose en una de las explicaciones más sinceras sobre la cuestionada elección judicial de 2025.
Lo que para ella fue una defensa orgullosa del uso de los “acordeones”, para millones de mexicanos sonó como la confirmación de un problema mucho más profundo.
Desde la tribuna de la Cámara de Diputados, Solache González afirmó que ha utilizado acordeones desde la primaria hasta sus estudios de maestría en la UNAM y que tanto ella como su madre acudieron con uno a votar en la elección judicial.
Incluso sostuvo que quienes critican esa práctica lo hacen desde una visión clasista y racista, reivindicando el acordeón como una herramienta de estudio de “los pobres”.
Sin embargo, el debate nunca fue sobre los apuntes escolares.
El problema es que la elección judicial fue presentada como un ejercicio histórico de participación ciudadana, donde cada votante debía analizar perfiles, trayectorias y propuestas de cientos de candidatos.
Si para una diputada federal con dos maestrías resultó indispensable llevar una guía escrita para identificar por quién votar, la pregunta es inevitable: ¿qué tan comprensible era realmente ese proceso para el ciudadano promedio?
La defensa de los acordeones terminó exhibiendo la principal debilidad de la reforma judicial.
Cuando una elección requiere listas, claves, números y recomendaciones previas para poder ejercerse, deja de ser una decisión plenamente informada y se acerca peligrosamente a un mecanismo de inducción del voto.
Más aún, Morena ha construido buena parte de su narrativa política alrededor de la superioridad moral frente a los viejos vicios del sistema.
Por eso resulta contradictorio que una legisladora oficialista presuma una práctica asociada tradicionalmente con atajos, sustitución del criterio propio y dependencia de instrucciones externas.
Lo preocupante no es que alguien lleve notas para recordar nombres difíciles.
Lo preocupante es que desde la propia mayoría gobernante se normalice una dinámica que muchos ciudadanos percibieron como una forma de orientar masivamente el sufragio.
La frase de Maribel Solache buscaba reivindicar a los sectores populares.
Terminó haciendo algo distinto: revelar que la elección judicial fue tan compleja que ni sus propios defensores pueden explicarla sin recurrir al acordeón.
Y cuando una democracia necesita instrucciones para funcionar, el problema no está en los votantes. Está en el diseño del sistema.

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