Morena oculta los viajes del Senado
La Cuarta Transformación llegó al poder prometiendo austeridad republicana, transparencia y el fin de los excesos de la vieja clase política.
Morena construyó su narrativa denunciando los viajes de lujo, los viáticos discrecionales y el llamado “turismo legislativo” que durante años practicaron PRI y PAN.
Pero hoy, desde el Senado de la República, ocurre exactamente lo que dijeron combatir.
Por primera vez en más de una década, el Senado dejó de publicar los reportes detallados sobre viajes, viáticos y gastos de legisladores.
Doce años de transparencia fueron borrados de un plumazo. Ya no se sabe con claridad quién viaja, cuánto cuesta, quién autoriza ni cuánto dinero público se utiliza.
El problema no es solamente que los senadores viajen. El problema es la opacidad. Porque cuando un gobierno presume honestidad, esconder información pública se convierte en una contradicción política imposible de justificar.
La situación golpea directamente el discurso de austeridad que Morena convirtió en bandera nacional.
Durante años, Andrés Manuel López Obrador repitió que no podía haber gobierno rico con pueblo pobre.
La frase sirvió para desacreditar al viejo régimen y para presentarse como una alternativa moral frente a los abusos del poder. Sin embargo, hoy el oficialismo administra los mismos privilegios que antes condenaba.
El caso resulta todavía más delicado porque varios legisladores de Morena han sido cuestionados recientemente por viajes internacionales, vuelos costosos y giras parlamentarias mientras el país enfrenta problemas de inseguridad, crisis hospitalaria, falta de medicamentos y desaceleración económica.
Y justo en ese contexto, el Senado decide ocultar la información. La opacidad nunca es casual.
Cuando los gobiernos transparentan menos, generalmente es porque saben que los datos pueden generar indignación pública.
Morena lo entendía perfectamente cuando era oposición. Por eso sorprende que ahora reproduzca las mismas prácticas del pasado.
La Cuarta Transformación prometió ser distinta, pero el poder terminó absorbiendo muchas de las conductas que juró erradicar.
Lo más grave no es el viaje. Lo verdaderamente preocupante es que el gobierno que llegó hablando de honestidad hoy elimina mecanismos de rendición de cuentas.
Porque al final, el problema no es sólo cuánto gastan. El problema es que dejaron de decirnos en qué se lo gastan.

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