Morena recorta clases y hasta Derechos Humanos los exhibe
La llamada Cuarta Transformación prometió poner “primero a los pobres”, pero cuando llegó el momento de decidir entre la educación de millones de niñas y niños o la logística del Mundial 2026, el gobierno terminó enviando un mensaje inquietante: el espectáculo también gobierna.
La Secretaría de Educación Pública, encabezada por Mario Delgado, anunció que el ciclo escolar 2025-2026 terminaría más de un mes antes de lo previsto.
La justificación oficial combinó dos argumentos: las altas temperaturas y la realización del Mundial de Futbol. Pero el problema no fue solamente la decisión. Fue la improvisación.
Mientras la SEP presentó el recorte como un acuerdo prácticamente definido, Claudia Sheinbaum declaró después que todavía se trataba de una propuesta. Otra vez, el gobierno mostrando contradicciones y desorden en un tema que afecta a millones de familias.
Sin embargo, el golpe más incómodo vino después.
El 9 de mayo de 2026, la Comisión Nacional de Derechos Humanos emitió un pronunciamiento advirtiendo que reducir el calendario escolar sin considerar la realidad laboral y social de madres, padres y cuidadores podría afectar el bienestar y la seguridad de niñas, niños y adolescentes.
Traducido al lenguaje cotidiano: millones de familias trabajadoras tendrían que resolver por su cuenta qué hacer con sus hijos durante semanas adicionales fuera de clases.
El organismo de derechos humanos alertó que muchos menores podrían quedarse solos en casa mientras sus padres continúan trabajando jornadas normales.
Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿alguien en el gobierno pensó realmente en eso antes de anunciar la medida?
Porque una cosa es reconocer que el calor extremo representa un riesgo real en escuelas sin ventilación, sin agua y con infraestructura deficiente.
Pero otra muy distinta es utilizar el Mundial como argumento nacional para recortar clases en todo México, cuando los partidos solamente se jugarán en Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Morena construyó durante años la narrativa de que los gobiernos anteriores abandonaron la educación pública. Sin embargo, hoy enfrenta críticas por reducir el ciclo escolar mientras el país todavía arrastra rezagos educativos y problemas de aprendizaje agravados desde la pandemia.
El Mundial 2026 promete estadios llenos, turismo y espectáculo global. Pero detrás de la narrativa festiva apareció una realidad mucho menos cómoda: millones de familias preguntándose quién cuidará a sus hijos mientras el gobierno reduce clases y se contradice públicamente.
Porque cuando hasta Derechos Humanos advierte posibles riesgos para niñas y niños, el problema deja de ser deportivo.
Se convierte en un problema político.

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