Morena y el PAN se pelean, mientras el campo se hunde
El maíz volvió a exhibir una de las mayores hipocresías de la política mexicana: cuando el campo entra en crisis, los partidos prefieren usarlo como arma electoral antes que resolverlo.
El 14 de mayo de 2026, el Congreso de Guanajuato aprobó un exhorto para exigir medidas urgentes ante el desplome del precio del maíz.
El PAN acusó al gobierno federal de abandonar a los productores; Morena respondió culpando al mercado internacional, al Tratado de Libre Comercio de América del Norte y a los gobiernos del pasado.
Y aunque ambos discursos tienen algo de verdad, también esconden algo más incómodo: ninguno quiere admitir que el campo mexicano lleva décadas siendo utilizado como botín político mientras se vuelve cada vez más dependiente y más pobre.
El PAN hoy habla de “negligencia institucional”, pero fue precisamente durante los años del panismo y del priismo cuando México quedó atado a un modelo agrícola subordinado al mercado estadounidense.
Se abrió la puerta a importaciones masivas, se debilitó la soberanía alimentaria y se abandonó a miles de pequeños productores incapaces de competir con subsidios extranjeros.
Pero Morena tampoco puede seguir gobernando desde la comodidad del pretexto histórico eterno.
Después de años de la llamada “transformación”, culpar exclusivamente al neoliberalismo empieza a sonar más a evasión que a explicación.
Porque mientras el oficialismo presume rescate del campo, los productores siguen denunciando precios ruinosos, costos de producción disparados y cosechas que ya no resultan rentables.
La realidad terminó alcanzando a todos los discursos.
El problema no es solamente el precio internacional del maíz. El problema es que México nunca construyó una verdadera política de protección alimentaria.
Dependemos del exterior para estabilizar precios, dependemos de tratados comerciales para sobrevivir y dependemos de subsidios improvisados para contener el enojo rural.
Y mientras en los congresos se lanzan culpas cruzadas, en las comunidades agrícolas la discusión es mucho más simple: sembrar ya no alcanza.
Ahí está la tragedia real.
Un país que presume soberanía nacional mientras pierde soberanía alimentaria. Un gobierno que habla de justicia social mientras miles de productores apenas sobreviven.
Y una oposición que descubre el sufrimiento del campo únicamente cuando puede convertirlo en munición contra Morena.
El maíz, símbolo histórico de México, terminó reducido a rehén de la propaganda partidista.
Y eso explica mejor que cualquier discurso por qué el campo mexicano sigue hundiéndose sexenio tras sexenio.

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