Morena y la CNTE: del apoyo histórico al gas lacrimógeno
El 25 de mayo de 2026 dejó una imagen que hace apenas unos años parecía impensable: maestros de la Sección XXII de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación, siendo replegados con gas lacrimógeno y encapsulados por policías en el corazón político del país.
El zócalo de la Ciudad de México, símbolo histórico de protesta social y resistencia popular, amaneció blindado contra uno de los movimientos que durante décadas acompañó las luchas de la izquierda mexicana.
La escena tiene un enorme peso político. No se trata solamente de un operativo de seguridad. Se trata de la transformación del poder. La izquierda que antes marchaba junto a la CNTE hoy le impide instalar un plantón frente a Palacio Nacional.
Durante años, Morena construyó buena parte de su legitimidad denunciando la “represión” de gobiernos anteriores contra maestros, estudiantes y movimientos sociales.
Criticó el uso de la fuerza pública, condenó el autoritarismo y convirtió la protesta en bandera política. Pero el poder cambia prioridades.
Ahora el gobierno debe administrar la presión social, proteger la imagen internacional de la capital y evitar que el zócalo quede tomado en medio de eventos relacionados con el Mundial 2026.
Y ahí apareció la contradicción.
Porque mientras el discurso oficial sigue hablando de diálogo y humanismo, las imágenes mostraron policías cerrando accesos, empujando docentes y utilizando agentes irritantes contra manifestantes. Exactamente el tipo de escenas que Morena utilizó durante años para señalar al PRI y al PAN.
La CNTE tampoco es un actor menor. La Sección XXII de Oaxaca arrastra una larga historia de confrontación con el Estado.
La memoria de 2006 sigue viva: barricadas, represión, movilización popular y una profunda desconfianza hacia cualquier gobierno.
Por eso el choque ocurrido en el zócalo tiene una carga simbólica tan fuerte. No son únicamente maestros protestando; es un viejo aliado de la izquierda enfrentándose ahora a un gobierno que llegó al poder prometiendo ser distinto.
Las demandas magisteriales —abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, eliminación de la Unidad del Sistema para la Carrera de las Maestras y los Maestros (USICAMM) y mejoras salariales— llevan años acumulándose sin solución definitiva.
El conflicto no nació ayer. Pero la respuesta del gobierno muestra que Morena comienza a experimentar lo mismo que criticó durante décadas: el desgaste de gobernar frente a movimientos que no aceptan discursos, sino resultados.
La pregunta de fondo ya no es si Morena sigue siendo oposición. Eso terminó hace tiempo. La verdadera pregunta es si la llamada “Cuarta Transformación” terminará pareciéndose al viejo poder que prometió reemplazar.

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