Tlaquepaque y el costo político de Morena
Lo que ocurre en el municipio de San Pedro Tlaquepaque, Jalisco, comienza a convertirse en algo más serio que una simple crisis municipal.
Las denuncias por presuntos cobros de piso, extorsiones y corrupción ya golpean directamente el discurso político de Morena.
El gobierno de Laura Imelda Pérez Segura, llegó prometiendo transformación, combate a la corrupción y cercanía con la gente.
Pero hoy la administración acumula acusaciones de mototaxistas, comerciantes, diputados locales y vecinos que denuncian desde presuntos cobros ilegales hasta abandono de servicios públicos.
La situación se agravó cuando operadores de mototaxis denunciaron pagos semanales para poder trabajar sin problemas.
No se trata de un señalamiento menor. En México, hablar de “cobro de piso” remite inevitablemente a una práctica asociada con abuso de poder, intimidación y control político o criminal sobre actividades económicas.
El problema para Morena es que las denuncias no vienen únicamente de la oposición. El tema ya escaló al Congreso local, a la Secretaría de Transporte y a la Fiscalía.
Incluso legisladores exigieron investigar posibles redes de corrupción dentro del Ayuntamiento.
Mientras tanto, el gobierno municipal responde con silencio, evasivas o ausencias.
La alcaldesa fue llamada a comparecer y las críticas crecieron precisamente porque no hubo explicaciones claras ni respuestas contundentes.
En política, el vacío también comunica. Y normalmente comunica mal.
El desgaste no termina ahí. A las acusaciones de extorsión se suman reclamos por luminarias, basura, obra pública y presunta opacidad en contratos municipales.
Es decir, la administración comienza a transmitir una imagen de desorden, confrontación y falta de control interno.
Morena construyó buena parte de su fuerza política acusando a los viejos gobiernos de corrupción y abuso.
Por eso casos como el de Tlaquepaque resultan especialmente delicados: porque golpean el corazón del discurso moral del oficialismo.
La llamada “Cuarta Transformación” prometió ser distinta.
Pero cuando comerciantes denuncian extorsión, transportistas hablan de cobros ilegales y el gobierno evita aclarar las acusaciones, la narrativa cambia rápidamente.
Y entonces la pregunta deja de ser si existe una crisis política en Tlaquepaque.
La verdadera pregunta es cuánto daño puede provocarle a Morena seguir pareciéndose a aquello que prometió combatir.

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