Antes faltaba el poder, ahora falta la voluntad de Morena con la CNTE
El 15 de junio de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum descartó una nueva reunión entre la Secretaría de Gobernación y la CNTE.
En lugar de una mesa nacional, el gobierno apostará por mesas tripartitas en los estados.
La decisión parece administrativa, pero en realidad es profundamente política: representa el reconocimiento de que Morena ha decidido administrar el conflicto magisterial en lugar de resolverlo.
El problema es evidente. Las principales demandas de la CNTE no dependen de los gobiernos estatales.
La abrogación de la Ley del ISSSTE de 2007, la reforma del sistema de pensiones y la desaparición del USICAMM son asuntos federales que solo pueden resolverse desde la Presidencia, el Congreso y las instituciones nacionales.
Ningún gobernador tiene facultades para conceder lo que los maestros están exigiendo.
Por eso, trasladar la discusión a los estados no acerca una solución; la aleja. Convierte un conflicto nacional en una suma de negociaciones locales incapaces de atender las causas que le dieron origen.
La decisión resulta aún más significativa porque exhibe una contradicción que Morena ya no puede ocultar.
Durante años, sus dirigentes acompañaron las movilizaciones magisteriales, denunciaron la reforma educativa de los gobiernos anteriores y prometieron una nueva relación con los trabajadores de la educación.
El discurso era claro: no faltaban soluciones, faltaba voluntad política.
Hoy Morena controla la Presidencia, tiene mayoría legislativa y concentra un poder político que ninguna fuerza había tenido en décadas.
Sin embargo, las demandas históricas de la CNTE siguen pendientes. Lo que antes se atribuía a la falta de poder ahora parece explicarse por la falta de voluntad.
La negativa a abrir una nueva mesa nacional envía un mensaje preocupante.
El gobierno que prometió escuchar a los movimientos sociales comienza a actuar como los gobiernos que antes criticaba: administrando el conflicto, dosificando el diálogo y posponiendo las decisiones de fondo.
La CNTE puede ser incómoda para el poder. Sus métodos pueden generar debate y sus movilizaciones pueden provocar molestias.
Pero ninguna de esas discusiones elimina una realidad: las demandas que originaron el conflicto siguen sin resolverse.
La apuesta de Sheinbaum parece orientada a reducir la presión política sobre el gobierno federal.
Sin embargo, dispersar la negociación no elimina el problema. Cuando las causas permanecen intactas, los conflictos no desaparecen; se acumulan.
Morena llegó al poder prometiendo transformar la relación entre el Estado y el magisterio.
Siete años después de asumir la Presidencia por primera vez, la pregunta ya no es si tiene la fuerza para hacerlo. La tiene.
La verdadera pregunta es por qué, teniendo todo el poder que antes reclamaba, sigue sin cumplir lo que prometió.
Porque antes, según Morena, faltaba poder. Hoy lo que parece faltar es voluntad.

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