Cuando Morena necesitaba a la CNTE: las promesas que hoy persiguen a Sheinbaum

En mayo de 2018, en Guelatao, Oaxaca, Andrés Manuel López Obrador se presentó ante la CNTE no como adversario, sino como aliado. 

Ahí prometió echar abajo la reforma educativa de Peña Nieto, reivindicar al magisterio y construir una nueva política educativa con la participación de los maestros. 

El mensaje era claro: el movimiento magisterial no era un obstáculo para la transformación del país, sino una pieza fundamental de ella.

Aquella apuesta política resultó exitosa. Morena llegó al poder con un amplio respaldo social y con el apoyo de sectores que durante años habían sido perseguidos, desacreditados o ignorados por los gobiernos anteriores. Entre ellos estaba la CNTE.

Sin embargo, ocho años después, la relación entre el poder y el magisterio disidente atraviesa uno de sus momentos más tensos.

Mientras la CNTE exige el cumplimiento de demandas históricas relacionadas con salarios, pensiones y derechos laborales, el gobierno de Claudia Sheinbaum sostiene que las posibilidades presupuestales tienen límites y que las negociaciones han llegado a un punto de agotamiento.

La contradicción es evidente.

Cuando Morena era oposición, colocó a los maestros en el centro del discurso político.

Cuando se convirtió en gobierno, descubrió que gobernar implica administrar recursos, prioridades y conflictos. 

Pero para miles de docentes movilizados, ese argumento resulta insuficiente. 

Ellos recuerdan que las promesas no fueron hechas bajo presión ni arrancadas por la fuerza; fueron compromisos asumidos voluntariamente para ganar legitimidad y apoyo político.

Por eso el conflicto actual no puede entenderse únicamente como una disputa sindical. 

Se trata también de una confrontación entre las expectativas generadas por la llamada Cuarta Transformación y la realidad de un gobierno que enfrenta los límites del poder.

La CNTE no está reclamando un privilegio nuevo; está cobrando una deuda política acumulada durante años.

La paradoja para Morena es incómoda. 

El mismo movimiento que ayudó a construir el relato del cambio hoy se ha convertido en uno de los principales recordatorios de sus pendientes. 

Y cada vez que el gobierno acusa intransigencia o radicalismo, la CNTE responde con una pregunta difícil de responder: si nuestras demandas eran justas cuando ustedes buscaban el poder, ¿por qué ahora parecen excesivas?

Esa es la verdadera raíz del conflicto. 

No es solo una lucha por prestaciones o mesas de diálogo. 

Es el choque entre las promesas que llevaron a Morena al gobierno y las realidades que hoy amenazan con desgastar su credibilidad.

Porque en política, las promesas incumplidas no desaparecen con el tiempo. Tarde o temprano, regresan para exigir cuentas.



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